A Coruña / La Voz

En la retórica bélica de un dirigente y fundador de la Marea la sociedad se divide en bandos, los que están conmigo y los que está contra mí. Sin grises. Quien se equivoca de bando se pasa al enemigo y uno debe saber siempre en qué bando ha de estar. Por eso el miércoles pasado, tras el desalojo de A Insumisa, buena parte de los simpatizantes de la formación que gobierna María Pita sufrieron un cortocircuito. Si mandamos a la Policía Local y llamamos a la Nacional, si hay diez heridos, ¿en qué bando estamos?.

«A fin de seguir promovendo o tecido social que garanta unha cidadanía implicada e activa, comprométense a non neutralizar nin debilitar as institucións ou a actividade dos movementos sociais e a cidadanía organizada», reza el código ético de la Marea.

De esos movimientos provienen parte de los ediles de la formación. Xiao Varela, Claudia Delso, José Manuel Sande y Rocío Fraga estuvieron vinculados a ellos y les mostraron su apoyo. En la última de ellas, Fraga, recayeron hace un año las competencias sobre la Policía Local. Los golpes dados por los agentes el pasado miércoles causaron siete heridos -a los que hay que sumar tres policías-, pero a la lista de lesionados habría que añadir, al menos, a esos cuatro ediles. En su caso las heridas van por dentro, y son profundas.

Hace siete años la Policía Nacional entró en la Casa das Atochas. Dentro solo había dos personas, que se subieron al tejado. Hasta ahí lo ocurrido en la Comandancia la semana pasada fue un déjà vu. Pero en A Insumia la situación se fue de las manos. En el primero de esos desalojos no hubo heridos -luego habría actos vandálicos por las calles, como ahora los hubo en el local de la Marea-, en el segundo sí.

 En las Atochas el colectivo se movilizó apoyando el movimiento okupa. En aquellas manifestaciones estaban algunos que hoy son concejales, como José Manuel Sande. Xiao Varela también estuvo implicado en aquel proyecto. Hoy también es concejal. Los porrazos policiales cayeron sobre cabezas conocidas. Para los ediles, la paradoja, la contradicción, fue un mazazo, si bien no todos en la Marea compartían los mismos vínculos. El alcalde, Xulio Ferreiro, nada tenía que ver con el movimiento okupa. Sin embargo, fueron precisamente los concejales salidos de esas organizaciones sociales los que fueron enviados a dar la cara, con Fraga de primera, exponiéndose a un desgaste que está pasando factura a la formación.

¿Qué falló el miércoles pasado? La Marea tenía la esperanza de que los suyos atendieran a sus razones, y el deseo de demostrar que ellos no hacían con las personas lo mismo que el resto de los partidos. Llevaban meses hablando de diálogo, un diálogo, eso sí, que tenía un único fin: la salida de la Comandancia. Para asombro de los que hace unos años se resistían a abandonar la Casa de las Atochas, los de A Insumisa, ahora, no querían irse. Entonces había que echarse a la calle a protestar. Ahora, sin embargo, la Marea prefiere guardar silencio y esperar a que escampe.

Un sentimiento de traición entre el colectivo okupa de la ciudad

Lo ocurrido el miércoles ha sentado como un mazazo en el colectivo okupa. La sensación la resume un blog, A Irmandade da Costa, que cuenta lo ocurrido desde dentro: «Din que Marea é o mesmo que o PP. Completamente falso. O PP non nos coñece, para eles somos perroflautas, radicais ou simples alieníxenas. Vivimos en mundos opostos e por iso case nin nos recoñecemos os uns aos outros. Con Marea é distinto. Eles saben o que se sinte cando se constrúe un proxecto entre todas traballando de xeito conxunto. Eles saben o que se sofre nun proceso de desaloxo. Eles estiveron xunto a nós moitísimos anos, saben perfectamente o que somos: os nosos desexos, os nosos sufrimentos, a nosa ansiedade, o noso medo mesmo pánico, o ter que calcular o que nos pode custar un simple erro, isto non é unha coña, xogámonos moito. Eles coñecen todo isto e o traizoaron, o liquidaron a golpe de porra e chorros de sangue».

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La Marea se mira en el espejo