El héroe «olvidado» de O Portiño

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

EDUARDO PEREZ

A sus 64 años, recuerda como si fuera ayer el día que se lanzó al mar en pleno temporal para salvar una vida

11 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Aunque lo que hizo fue bárbaro, ya casi nadie se acuerda de lo que protagonizó José Manuel Villa López hace 42 años. Cholo, que es como lo conoce todo el mundo, es un hombre, pero podría ser un pez. Si tiene que ir a un sitio, prefiere ir nadando que andando. Miren si no: Cuando era un niño que vivía en As Lagoas y que jugaba en Riazor, para juntarse con su amigos, en lugar de ir a pie, cruzaba la bahía a nado. Hoy tiene 64 años y se mueve entre las rocas como por el pasillo de casa. Cholo, cuando habla, es palabra de Dios en O Portiño.

Hace 42 años, este percebeiro salió en el periódico como un héroe. Pues no se le puede llamar de otra manera a un chaval de 22 años que se tira al mar junto a la Torre con un temporal de mil demonios para rescatar a una monja que había resbalado en las peñas. En la página 52 de La Voz de Galicia del 23 de septiembre de 1975, su fotografía era la única que ilustraba la plana y a su alrededor se contaba la epopeya. El titular era este: «Una monja, arrebatada por una ola en las inmediaciones de la torre de Hércules». Y el subtítulo: «Un joven se lanzó a salvarla y logró sujetarla al cable del helicóptero que la trasladó al hospital».

Ese joven recuerda hoy aquello como si nada. Como si fuera una broma lanzarse al mar en pantalón corto con olas de 5 metros explotando contra las rocas, agarrar por la cintura a una mujer, esperar que desde el helicóptero le lanzaran una cuerda, atarla y volver a tierra. Desgraciadamente, la monja murió en el hospital a los cinco días.

José Manuel recuerda que el accidente se produjo sobre las cinco y media de una tarde de domingo. La madre Evangelina, en compañía de dos religiosas de su comunidad, fue a dar una vuelta por las inmediaciones de la torre de Hércules. Bajaron hasta la orilla, por detrás de donde está instalada la sirena de niebla. La tarde era veraniega, aunque el mar estaba muy bravo. Pese a todo, la madre Evangelina decidió mojarse los pies. Se acercó a la orilla y así estuvo durante un buen rato. De pronto, una gran ola la salpicó totalmente. Ella echó las manos a los ojos, pues le había entrado salitre, y no se dio cuenta de que otra gran ola se acercaba, ola que la arrebató hacia el mar. Sus compañeras empezaron a pedir socorro. La pobre monja se debatía en un mar bravo que rompía con fuerza sobre las rocas. Nadie se atrevía a lanzarse al agua en su auxilio, hasta que apareció Cholo. «Con total desprecio de su vida, se arrojó al mar», según se contó en su día en La Voz de Galicia. Mientras tanto, se había dado conocimiento del caso al helicóptero del SAR, con base en Alvedro, que se trasladó hasta el lugar del suceso.

Traslado al hospital

Tras una dura lucha, José Manuel logró sujetar a la monja, que ya flotaba sobre las aguas, y engancharla en el cable que le habían lanzado desde el helicóptero. La religiosa fue izada a bordo y trasladada hasta lo que hoy es el Chuac.

Cuarenta y dos años después, Cholo recuerda que minutos antes se encontraba en un bar que había cerca de lo que hoy es la Casa de los Peces cuando apareció una niña gritando que una mujer se había caído al mar. Cuenta que «corrimos y al llegar a las rocas no me lo pensé. Yo no le tenía miedo al mar ni nunca se lo tuve. Respeto sí, pero nadaba muy bien. Me quité la ropa y me quedé en pantalón corto. Me lancé y nadé hacia ella. Cuando el helicóptero la tenía sujeta, empezó lo peor. Estaba cansado y tenía que regresar a tierra y evitar que las fuertes olas no me empujaran hacia las rocas. Sabía cómo hacerlo. Los percebeiros actuamos con frialdad».

Días después, José Manuel fue condecorado con una medalla en el Gobierno Civil que no sabe dónde está y la hermana de la religiosa fallecida se pasó años agradeciéndole su arrojo.