Andrés Barba, premio Herralde con una «fábula moral de la infancia»

G. N. REDACCIÓN / LA VOZ

A CORUÑA

Pablo Barrera | DPA

Éric Vuillard gana el Goncourt con una novela sobre el apoyo de los industriales al ascenso de Hitler

07 nov 2017 . Actualizado a las 19:16 h.

Como en aquella breve canción de Albert Pla El sol de verano, Andrés Barba (1975) explora la maldad de los niños en su novela República luminosa, «fábula moral y sentimental de la infancia» y un inquietante relato que le ha valido la 35.ª edición del premio Herralde, que convoca el sello Anagrama. El narrador y traductor pergeña una trama sobre la crueldad de unos niños -una treintena, de procedencia desconocida- que someten la tranquila ciudad tropical de San Cristóbal a un control terrorífico por un plazo de año y medio. «Barba suma aquí, a su habitual audacia narrativa y su talento para las situaciones ambiguas, la dimensión de una fábula metafísica y oscura que tiene el aliento de los grandes relatos», según señaló la editorial. El autor madrileño situó como punto de partida de este libro un documental sobre unos menores que viven en el metro de Rusia (Los niños de Leningradsky). «La aparición de los niños genera un estado de violencia latente, la energía del lugar empieza a sobrecargarse y pueden ocurrir cosas diferentes. Estos se convierten en un vector energético que cambia las cosas», detalló Barba, quien ya obtuvo en el 2007 el Anagrama en la categoría de ensayo con La ceremonia del porno, escrito al alimón con el crítico de arte Javier Montes (Madrid, 1976). 

Acabar con el comunismo

Un texto de apenas 160 páginas sobre el ascenso al poder de Adolf Hitler y la anexión de Austria le dio el premio Goncourt, principal galardón de las letras francesas, a Éric Vuillard. El escritor y cineasta se sirvió de filmes, fotos, diarios, memorias que había leído y de los archivos del juicio de Núremberg para construir un relato que se inicia en el 20 de febrero de 1933, cuando Hitler, canciller recién estrenado, se reunió en secreto con responsables de las principales empresas del país (Krupp, Opel, Siemens…) para recabar su apoyo porque, si se quería acabar con el comunismo y volver a la senda de la prosperidad, debía vencer en las legislativas (el mes siguiente). Vuillard evita inventar para tratar con rigor esta tragedia europea del siglo XX con el fin de evidenciar que la historia es otro modo de repensar el presente.