James Rhodes: «Soy pianista, lo más alejado de una estrella del rock»

El autor de «Instrumental» recala el sábado en el Palacio de la Ópera con uno de sus peculiares y didácticos conciertos


Se convirtió en un fenómeno de masas gracias a su libro Instrumental, en el que narra su turbia infancia llena de abusos y cómo la música logró salvarle la vida. Pero más allá de su escabrosa historia, el mérito del pianista británico radica en su empeño por poner la música clásica al alcance de aquellos que no se han atrevido a acercarse a ella, limpiándola de la pompa que suele rodearla. Este sábado ofrece en el Palacio de la Ópera (21.30 horas, entradas desde 25 euros) uno de sus conciertos «en camiseta».

-Ya ha estado por Galicia en otras ocasiones...

-Es una tierra maravillosa, tan amigable y llena de paz... Pero si hay algo que me gusta de Galicia es que tenéis el mejor pollo asado del mundo. Incluso en Madrid encontré un restaurante donde tenían en la carta pollo gallego, y lo tomé cuatro veces en una semana.

-Le aseguro que nuestra gastronomía va mucho más allá del pollo.

-Lo sé, pero es que tengo debilidad por el pollo asado.

-Muchos de los que asistan a su concierto van más a ver al autor de «Instrumental» que al músico.

-Es posible, pero no creo que importe. Lo único que quiero es tocar el piano y que la gente escuche un tipo de música que a lo mejor no escuchan normalmente. Así que me da igual cuáles sean las razones por las que vienen a mis conciertos, el caso es que disfruten.

-Reúne a un público más afín al pop que a la música clásica. ¿Se siente como una estrella de rock?

-[Ríe] En absoluto. ¡Vamos, hombre, si soy un tipo que toca el piano, lo que debe ser lo más alejado de Jimi Hendrix que hay en el mundo! Pero es maravilloso que haya gente que se acerca a Bach y Chopin por primera vez en mis conciertos. Es hora de romper mitos, la música clásica goza de muy mala reputación porque los jóvenes creen que pertenece a minorías selectas.

-Está en una cruzada por democratizar la música clásica.

-Es que tiene que ser así. La música es perfecta, no hay por qué cambiarla, pero todo lo que la rodea, su presentación, tiene que cambiar ya. Por eso hago esas introducciones a las piezas que voy a interpretar, para meter al público en la obra y que disfrute durante una hora con las luces bajas, los ojos cerrados, y se olvide de todo lo que pasa en este loco mundo en que nos ha tocado vivir, escuchando esta música maravillosa. Sin móviles ni anuncios, solo tranquilidad y belleza.

-El sábado interpretará la «Chacona» de Bach, pieza que, según asegura en «Instrumental», le salvó la vida.

-La descubrí cuando era niño, cuando mi vida estaba llena de horror y dolor. Era lo opuesto, la prueba de que el mundo, a pesar de todo, no era cien por cien malo si existía algo tan bello como esto. Me sigue ocurriendo, cuando las cosas se ponen difíciles sigo acudiendo a piezas como esta que me devuelven la esperanza y me mantienen vivo. Es el poder de la música.

-Ahora en serio, ¿de verdad cree que es posible aprender a tocar el piano en seis semanas, como afirma en su libro?

-[Ríe] Totalmente, te lo prometo. A ver, no vas a ser capaz de interpretar las piezas más complejas de Rachmaninov, ni vas a conseguir vender entradas para un recital. Pero en seis semanas puedes dominar un precioso preludio de Bach. Es más, si trabajas duro, puedes hacerlo incluso en tres o cuatro semanas. Es una cuestión de lógica, de saber qué va en cada lugar y ensayar todos los días.

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