Voluntarios contra el cansancio

La mayor parte de los efectivos que están luchando contra el fuego son no profesionales que se forman desde el colegio. Ayer ya estaban extenuados

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«Cansados no, cansadísimos». Joaquim Pinto ya no está en activo, pero no sale del cuartel de bomberos de Figueiró dos Vinhos. Y ha sido comandante del grupo durante casi veinte años. Así que ve el cansancio en sus compañeros. Lo ve cualquiera, que son ya tres días de lucha intensa.

En Castanheira de Pêra, ayer por la mañana se apreciaba el mismo cansancio y algo de abatimiento. El bombero fallecido era de allí, lo conocían todos. «Estamos muy fatigados», admite uno de ellos. Tiene 48 años y todos le llaman Manuelito: «La vida de un bombero es diferente. Es una vida de peligro», comenta. Y son todos voluntarios: «Somos voluntarios, pero muy profesionales», tercia el comandante del grupo. Le pregunto a Manuelito sobre si frente a una catástrofe como esta y la pérdida de un compañero, no se replantea su colaboración: «Si todos pensáramos así, no habría bomberos y esto sería el caos».

Lo peor, las víctimas

Y, en realidad, ¿qué puede hacer un bombero frente a un incendio de tanta virulencia? «Nada», es la respuesta más común entre los que consulto. Luego vienen alternativas: proteger a la gente, evacuarla, protegerse uno mismo, salir corriendo... «En más de cuarenta años vi muchos incendios, pero ninguno como este», dice Francisco José Rosa, comandante de los bomberos de Sintra. Lo cuenta en Pedrógão, en el centro de coordinación donde se reúnen a primera hora de la mañana buena parte de los efectivos de la lucha contra el fuego.

«Lo peor de todo son las víctimas, las personas que abandonaron sus casas», dice Rosa. «Lo peor de todo es la impotencia», opina el responsable de una de las brigadas de la GNR (Guardia Nacional Republicana) que están también apagando el fuego. Ellos no son voluntarios, pero el grueso de los efectivos que están plantando cara a esta catástrofe sí lo son.

Por el acuartelamiento de Figueiró pasean unos bomberos en miniatura que ayudan a comprender por qué Portugal ha confiado la lucha contra el fuego al voluntariado: son los cadetes que ya en el colegio se inician en la formación de primeros auxilios, la defensa de la naturaleza y otros conceptos que les llevarán a ser el relevo de los que hoy se juegan el pellejo frente a las llamas.

Joaquim, el retirado comandante de Figueiró, dice que no, que la gente no acaba de entender que no se puede dar respuesta a todos al mismo tiempo cuando el fuego avanza a sesenta kilómetros por hora y que sus vecinos no acaban de entender ni de valorar el esfuerzo de los bomberos. Puede ser.

En el Alto da Louriceira, ayer por la mañana, frente a lo que se perfilaba ya como un nuevo frente descontrolado, uno de los voluntarios explicaba su filosofía con mucha claridad: hablaba con un vecino de la congoja que ha supuesto conocer la muerte del compañero, que desde el sábado solo había dormido tres horas; le hablaba del calor, del esfuerzo, de la pena y del cansancio. Y se acabó encogiendo de hombros: «Mais... somos os bombeiros».

La Voz en Pedrógão Grande

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