Profesionales de toda España participan en un curso de reanimación de recién nacidos con los bebés robotizados del Centro Tecnolóxico de Formación del Chuac
09 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Dicen que el viaje más arriesgado del ser humano es el nacimiento. Unas veces más que otras. Para esos casos en que venir al mundo se complica todavía más, el Chuac ensaya y enseña cómo hacer lo posible para que la vida llegue a puerto. Y lo hace incorporando la simulación médica avanzada al aprendizaje de técnicas que los profesionales ya han estudiado, y gracias a maniquíes robotizados que reproducen qué está sucediendo en el momento mismo de salir del útero materno. Son algo más que muñecos, ya que están programados para responder como lo haría un recién nacido en situaciones apuradas. «La novedad, realmente, no es hacer un curso de reanimación neonatal, sino poder hacerlo con los equipos excepcionales del Centro Tecnolóxico de Formación (CTF)», explica José Luis Fernández Trisac, responsable de la Unidad de Neonatología del Materno.
Tres bebés, uno de menos de un kilo de peso, como un gran prematuro, y el de mayor tamaño de tres kilos, además de una mujer embarazada, forman el particular catálogo de muñecos para este curso avanzado, avalado por la Sociedad Española de Neonatología, sobre las peores situaciones que se pueden dar en la sala de partos.
«Entre un 5 y un 10 % de los recién nacidos necesitan alguna medida nada más nacer para ayudarles en la transición de la vida intrauterina a la vida fuera del útero materno», explica el especialista. Por fortuna, casi siempre son medidas sencillas, pero «en un 1 % de los casos requieren intervenciones médicas ágiles y complejas: reanimación completa, compresiones cardíacas, ventilación, intubación...», enumera Trisac antes de apuntar que en los prematuros suelen ser más frecuentes estas situaciones de riesgo especiales.
«A un niño de 700 gramos hay que reanimarlo con suma delicadeza, pero con la contundencia necesaria para sacarlo adelante», ejemplifica para dar idea de la importancia de contar con los maniquíes que reproducen situaciones reales que pueden encontrarse en el paritorio, porque «la reanimación con compresiones torácicas en la sala de partos es distinta a la resucitación cardiopulmonar habitual de una parada en adultos», recalca.
Habitualmente, los escenarios simulados de complicaciones neonatales «son teatralizados, se lee un supuesto y se actúa», indica para marcar la diferencia con respecto a contar con estos muñecos con software (lloran, se quejan, su pulso se acelera, se para...) de distintas edades gestacionales y pesos. «Nos permite ver y tocar, casi como si fuera real», subraya antes de agradecer la colaboración del coordinador del CTF, Alberto Centeno, que se encarga de que todo esté a punto para que los bebés de simulación respondan ante las maniobras que les aplican los profesionales prácticamente como si fueran de carne y hueso.
Así, los alumnos, por ejemplo, ensayan situaciones como un niño que nace con una malformación congénita en el corazón, o con una hernia diafragmática, o con una asfixia perinatal, por citar supuestos que, en la vida real, solo la destreza y conocimientos de los profesionales pueden evitar que se conviertan en trágicos.
El curso, dirigido por Alejandro Ávila, también del equipo del Hospital Teresa Herrera, ha atraído la atención por supuesto de pediatras, neonatólogos, médicos residentes, pero también de enfermeras y matronas cuyas manos también son vitales para traer nuevas vidas al mundo. Algunos, llegados de comunidades alejadas como Canarias. Todos, además, tuvieron que completar una parte teórica antes de enfrentarse al espectacular ensayo con bebés de silicona y chips.