José Ángel Pérez ha ocupado su tiempo libre construyendo en Betanzos espectaculares casas de muñecas. Lo que empezó por un deseo de una de sus hijas se ha convertido en una afición que despierta admiración
06 mar 2017 . Actualizado a las 12:32 h.En casa de José Ángel dan ganas de ser liliputiense. Porque aquí no es que haya una casa de muñecas, realmente hay toda una urbanización jibarizada. José Ángel tiene dos manos privilegiadas, mucha imaginación y paciencia. Y tiempo, claro, tiempo libre que se acaba de multiplicar por su prejubilación tras toda una vida en la banca. José Ángel ha construido casas y casas de muñecas a cual más espectacular. Trabaja cada detalle, cornisa, voladizo, tejado… y el interior, mesas construidas con palillos, escaleras a medida donde cabe un dedo… porque todas tienen sus bisagras para abrir y contemplar la vida por dentro.
Toda esta maravillosa obra que guarda como un museo en su casa indiana de Betanzos tiene una culpable llamada Virginia. Hojeando un día ambos una revista, la niña le señaló una casa de muñecas y le insinuó sus deseos de tenerla.
Pero el padre no se la compró. Se la hizo. Tomó las referencias que pudo y, aprovechando la ausencia de Virginia por causa de unas vacaciones, un mes después de aquello le apareció con la espectacular casa. Lo que no sabía entonces es que aquel trabajo se le había inoculado como una droga. Y ya no ha podido parar. En total, José Ángel Pérez Novo ha construido unas veinte, de las que conserva la mayoría, ha regalado unas pocas y ha donado alguna para una buena causa, como el reciente sorteo de la agrupación local de Manos Unidas (¿tiene usted el número 946? Es el ganador y llevan días buscando a su portador). También fue motivo de exposición en el Edificio Liceo hace diez años. Ya queda lejos aquello y la calidad de la obra pide a gritos que José Ángel la comparta de nuevo con sus vecinos (¿Oído, Ayuntamiento de Betanzos?).
Cada casa tiene al menos una bisagra para abrir de cuajo una pared. Así se percibe todo el interior de golpe, como si fuésemos lectores de Rúe del Percebe 13, aunque el interior que describimos es más fino y convencional. «Algunas tienen luces». Lo dice señalando una casa en la que, efectivamente, aparecen brillos en todas las lámparas de la casa. Aquí no salta ningún automático. El consumo también es liliputiense (fastídiense las grandes compañías eléctricas). Uno queda embelesado con los detalles da cada habitación, los marcos y dinteles de cada puerta, la escalera perfectamente encajada, los muebles a medida, la decoración exquisita y perfectamente proporcionada.
Descubrimos una terraza con el mobiliario propio para relajarse y tomar el sol. Cada silla, mesa y tumbona ha nacido en las manos de José Ángel a raíz de palillos de pinchos moruno. Y de nuevo vuelve la reflexión que nos acompaña desde que nos movemos entre las casas de muñecas: no es solo las incontables horas de trabajo imaginadas, es también la perfección del resultado.
Y un bungaló
Parece que José Ángel haya pasado episodios de su vida por el filtro de su afición a construir casitas. Por ejemplo, un bungaló rojo que asoma en su museo particular. Es el mismo -sí, bueno, algo más pequeño- que el que disfrutó con su familia hace unos años cerca de Lisboa. Esta y otras piezas pueden verse en su cuenta de Facebook llamada LaReja.CasitasDeMadera. Los precios para los que le interesen adquirir alguna oscilan entre los 365 y los 500 euros. «Creo que no es nada caro con todas las horas invertidas... y es un recuerdo para toda la vida y muchas generaciones».
Recorrer la exposición es recibir un golpe de efecto tras otro. Encajamos el último como podemos. Se abre una puerta y descubrimos ¡una iglesia! La fachada exterior está inspirada en Santa María del Azogue de Betanzos. El interior parece más una réplica de San Francisco por la zona del altar. Periodista y fotógrafo se miran y se quedan sin palabras. Silencio místico. Subimos a la última planta y descubrimos una pieza más tosca, un fuerte del lejano Oeste hecho con pequeños troncos. Pero la iglesia ha dejado huella y el redactor vuelve a solas de forma tan torpe que al intentar abrir una zona acaba derrumbando parte del ábside. Quizá otro en su situación habría expulsado agriamente al profanador del templo. Pero si algo ha cultivado José Ángel entre maderas y pegamentos es la paciencia. «Tranquilo, esa pieza ya estaba suelta, no ha pasado nada». Respiramos aliviados. Tras unos minutos de charla abandonamos «la casa de las casas» con el ánimo de que José Ángel se ponga cuanto antes manos a la obra y siga creando casas para el deleite del resto de los mortales.