A Coruña

Más de cuatro horas duró el proceso de traslado de las primeras piezas del mural de Urbano Lugrís que llevaba años sufriendo los rigores del paso del tiempo y la falta de cuidado en el local situado en el número 74 de la coruñesa calle Real. Pintado en 1952 en la pared de lo que entonces era el Banco Hispano-Suizo, sobrevivió como pudo a décadas de maltrato cuando el local se destinó a hostelería, tiempo en el que se derramó sobre él «café, chocolate... Hasta se apagaron cigarrillos», según destacaba Francisco Muiños, coordinador de proyectos de Arteca, empresa encargada de su restauración. Ayer, finalmente, comenzaba su traslado por partes para darle una ubicación más acorde con su valor artístico en el espacio expositivo de la oficina principal de Abanca, entidad que se ha hecho cargo de los gastos de traslado y restauración, en A Coruña.

Apenas separan unos metros a su ubicación original y el destino de esta obra que muestra un paisaje coruñés inspirado por la obra realizada por Baldi en 1669 (de ahí que se haya bautizado con posterioridad como Vista de A Coruña 1669). Unos metros, los que van de la calle Real a Olmos, que sin embargo se convirtieron en la mañana de ayer en una complicada travesía, dada la delicadeza del material transportado.

Se trata de un mural de 1.700 kilos, ya que se extrajo la totalidad del muro y no solo la capa pictórica. Dado el peso y sus dimensiones (9,10 por 2,45 metros), para su traslado se dividió en siete partes: «No son partes iguales, sino que se han buscado los puntos donde menos se dañase la pintura y donde menos riesgos de fractura tuviese el muro», explicó en Radio Voz Fernando Filgueiras, director de la Colección de Arte de Abanca. De todos modos, con cada corte se han perdido alrededor de tres milímetros de capa pictórica, «que se reintegrarán en el proceso de restauración».

Ayer se consiguieron trasladar dos de las siete piezas en que se ha dividido el mural, y mañana se retomarán los trabajos que esperan concluir «a finales de semana o el próximo lunes como muy tarde», asegura Carmen Jiménez, directora técnica de Arteca, que destaca que uno de los momentos más delicados de la operación es la colocación en su nueva estructura de sujeción: «Ponerlo de nuevo en vertical, con las limitaciones de espacio que tenemos, es muy complicado. Pero con estas dos primeras piezas todo ha ido según lo planeado, sin incidencias».

Una vez trasladada toda la obra se procederá a su restauración, proceso que desde Arteca estiman que pueda llevar entre dos y tres meses y que se hará a la vista del público: «Se podrá ver toda la evolución y se realizará un vídeo con todo el proceso de traslado y recuperación del mural», cuenta Jiménez.

Allí, en la entrada a Abanca por la calle Olmos, quedará el mural a buen recaudo para el disfrute del público, justo frente al que fue el restaurante Fornos, considerado la Capilla Sixtina de Lugrís, ya que allí dejó abundante obra. En el proceso de musealización de este gran mural está previsto que pueda acompañarse con otras obras de Lugrís propiedad de la entidad financiera.

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El mural de Lugrís deja el bajo del Vecchio en A Coruña