«Europa está fallando a los refugiados»

El rechazo social dificulta el alquiler de pisos en la ciudad para acoger a inmigrantes


A CORUÑA / LA VOZ

Se alquila piso de tres o cuatro habitaciones, dos baños y, si es posible, con ascensor. Interesados, llamen a Accem (981 168 897) y pregunten por Carmen Vázquez. Esta mujer de mirada curtida y rostro avezado lleva tiempo buscando una vivienda en A Coruña para sumarla a su red de pisos de acogida. Alrededor de cien personas le han dicho ya que no. Algunos se inventan una disculpa. Otros, son sinceros: «No. Inmigrantes, no», le sueltan.

-¿Qué le pasa a nuestra solidaridad? ¿Es solo una pose?

-Actuamos por arrebatos, pero, en el fondo, no estamos concienciados. Cuando los medios publicáis fotos sensibles sobre el tema, la sociedad experimenta un ataque de solidaridad.

-Y se pasa pronto.

-Sí. Ahora mismo queremos alquilar un piso en el mercado libre y nada.

-¿El «no» llega antes o después de decir que es para una familia de refugiados?

-Después. Además, es el Ministerio del Interior quien adjudica las plazas y nuestra organización gestiona el alquiler. No somos unos «destroza-pisos». Lo vamos a cuidar y vamos a pagar. Tenemos un convenio con Ikea, que amuebla, pinta, decora y equipa las viviendas. Los dejamos como nuevos.

-¿Cuál es el miedo?

-Casi siempre es el miedo a lo desconocido. Podría decirle también que es racismo, xenofobia encubierta, islamofobia...

-Cuando lo de la foto del niño Aylan no pensábamos así.

-Ahí tuvimos uno de esos ataques de solidaridad repentinos, que todo el mundo se quería traer a una familia siria a su casa. Pero eso pasó. La Concejalía de Igualdade abrió una base de datos para recoger todas las ofertas que los particulares quisieran hacer para ayudar, pero de ahí no hemos sacado nada. Por eso le digo que es una solidaridad un poco extraña, como por impactos. Decimos que somos solidarios, pero a la hora de la verdad, no alquilamos el piso.

-Otro argumento será el laboral.

-Lo de que si no hay trabajo para nosotros... Sé que eso asusta, pero hay muchos estudios que demuestran que no solo no nos quitan, si no que nos dan. La economía no se resiente.

-Por no hablar de que somos un pueblo emigrante.

-Exacto. Yo tengo tres tíos en Venezuela. Mis padres salieron de aquí cuando yo tenía tres años. Y ahora hay otra emigración, la de mucha gente joven, muy cualificada, que se está yendo a Inglaterra o Alemania.

-¿De qué países proceden las familias que llegan a A Coruña ciudad a través de Accem?

-De Siria, Irán, Pakistán, Somalia, Etiopía, Armenia, Ucrania, Rusia, Georgia, Venezuela, Honduras... No todos son refugiados sirios, como ve.

-¿Europa está fallando?

-Sí, está fallando Europa. Los países no están cumpliendo sus compromisos. Pero la gente llega por sus propios medios. Están entrando por Ceuta, Melilla, Barajas y el Prat. Son las personas a las que estamos atendiendo.

-¿Y a qué barrios los trasladan?

-No es conveniente que todos vivan en el mismo sitio. Nuestro método de trabajo consiste en que vivan en unas condiciones dignas y repartidos por la ciudad; también para no atascar los servicios públicos de cada zona: la escuela, el instituto, el ambulatorio... Es más práctico e integrador hacerlo así.

¿Aquí nadie es forastero? « «Oenegetista». Cuatro Caminos.

¿Aquí nadie es forastero? «Ojalá fuera cierto», piensa.

«Oenegetista». Carmen es de Sarria, pero lleva viviendo y trabajando en A Coruña desde el año 2006.

Cuatro Caminos. La sede de Accem Galicia está en A Coruña, en un lateral de San Pedro de Mezonzo.

«Con la crisis de los cayucos, cada lunes nos llegaban 20 subsaharianos»

Accem funciona en A Coruña desde el 2006. Empezaron con un piso de acogida y ahora tienen siete. La organización dispone de 36 plazas para refugiados en la ciudad. A Carmen Vázquez le gustaría incorporar otras seis plazas, pero las dificultades para alquilar una nueva vivienda con este fin se lo están impidiendo. Este año ya han atendido a 63 personas.

-Ahora mismo no estamos recibiendo a otras seis personas que deberían llegar a A Coruña porque nadie nos alquila un piso.

-¿Le desmoraliza mucho esto?

-Más bien, me fastidia. Me digo que tarde o temprano aparecerá ese piso, porque no todo el mundo es tan cerrado. También hay gente solidaria. Llevo mucho tiempo en esto y ya sé qué puedo hacer y hasta dónde puedo llegar.

-¿Cómo empezó en Accem?

-Con la crisis de los cayucos, en el año 2006. En los tres pisos que teníamos entonces, acogíamos a 20 subsaharianos cada semana. Llegaban los lunes a las dos o tres de la madrugada. Venían desde Canarias, los derivaban a Madrid y de ahí los metían en autobuses para distintas ciudades. Tenemos experiencia con acogidas masivas. Lo sabemos hacer bien. Todo está muy protocolizado.

-¿Y ahora?

-Ahora estamos esperando que vengan más y que los coruñeses se atrevan a alquilarnos pisos. No se trata de que nos habiliten un pabellón deportivo para estas personas. Ya vienen de una situación así en los campos de refugiados.

-Y para evitar los guetos, ¿no?

-Eso es. Los que llevamos tiempo en esto sabemos que la integración se hace en igualdad de condiciones con los demás vecinos. No se puede amontonar a la gente en pabellones deportivos. Nosotros acogemos en pisos.

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