Matar árboles en los jardines

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Orina y alcohol es el cóctel festivo que mata lentamente los árboles en los jardines de Méndez Núñez. En junio de este año, después del macrobotellón que sirvió para decir adiós al curso universitario, los jardineros asistían indignados al funeral de un maravilloso tejo japonés, tieso como la mojama en medio de la ubérrima eclosión de la primavera.

Tal vez esto no sea material sensible para los jóvenes vecinos que, al abrigo de la botella, se apalancan de madrugada junto a la fuente de los peces, frente a la estatua de Concepción Arenal que la ciudad restaura estos días con el dinero de todos los ciudadanos. Pero seguramente sí lo sea para los numerosos coruñeses que dieron sus primeros pasos a la deliciosa sombra de árboles centenarios, como sus padres, como sus abuelos..., recuerdos de los que guardan imágenes impagables en álbumes en blanco y negro.

Basura en los jardines de Méndez Nuñez la madrugada del día del Rosario
Basura en los jardines de Méndez Nuñez la madrugada del día del Rosario EMILIANO MOUZO

La flora de nuestros jardines no es cualquier cosa. Por desgracia -y por motivos diversos- ya no existen las inmensas araucarias (Araucaria araucana) que distinguían hasta hace unos años el salón de la ciudad, como tampoco el cedro del Líbano que cayó frente a la Atalaya en el año 2006. Pero aún se cimbran al viento joyas que cada semana resisten de manera heroica los efluvios etílicos y las micciones de los botelloneros, entre los que no deben de contarse demasiados naturalistas.

La doble hilera de palmeras (Phoenix canariensis) casi centenarias del Relleno es patrimonio natural de la ciudad, y el palo borracho (Chorisia speciosa) de tronco verde y espinoso que se llena de memorables flores rosadas se considera una rareza en Galicia, como también la Butia (Cocos) capitata, variedad odorata, próxima a la Rosaleda, o la hojarasca rojiza del haya (Fagus Sylvatica, variedad purpurea), inusual en nuestro clima marítimo templado.

Mostraron buena sintonía los políticos locales en aquel pleno municipal del pasado mes de abril en que, a propuesta del gobierno local, dieron luz verde a una moción contra el maltrato animal para que los circos que puedan asomar por esta esquina del mundo no la emprendan a golpes con focas y pingüinos. Pues no estaría de más mirar también lo de casa y buscar soluciones para las copas más ilustres de la urbe, sustrayéndolas de los perniciosos efectos del ácido úrico y la ginebra con tónica. Y si alguien no se siente concernido por la memoria de sus ancestros o el discurso botánico, tal vez se estremezca a la luz de las cifras, que revelan que la partida municipal para el mantenimiento de jardines y zonas verdes es de 5,6 millones de euros al año, uno de los contratos más onerosos del Ayuntamiento, que sale de los bolsillos de los coruñeses, cuyos hijos, solo en algún caso, proceden al riego nocturno de Méndez Núñez cada fin de semana.