En Coruña estamos tan «a gosto»


Esta ciudad tiene las dos caras, esa que la convierte de golpe en un fantasma cubierto por la niebla y que la hace ensombrecer como Brighton y la que salta a la luz como Río de Janeiro. Esa misma que bautizó Bebeto, «o pequeno Río», y que consigue que los coruñeses nos transformemos en seres más alegres, más simpáticos, más sociables y hasta más deportistas (que ya es difícil viendo el paseo marítimo). No me digan que no, porque cualquiera que haya caminado este verano a primera hora al lado de la playa tuvo que sentir lo mismo. Ese océano azul, esa arena blanca, ese sol calentando y toda esa gente madrugadora dándolo todo. Unos haciendo taichí, otros corriendo, otros andando a buen ritmo por un paseo que hasta parece que de repente tiene más palmeras. ¡Y más gente en bikini! Ay, este verano estamos tan «a gosto» que nos ha cambiado la cara a todos. Se nos ha metido dentro esa cadencia festiva, en un mes que para nosotros es siempre de jolgorio, de orquesta y de calle. Los vinos a rebosar, las terrazas llenas de gente, las noches largas para salir. A cualquier hora siempre hay movimiento e incluso a los que nos ha tocado volver a trabajar no se nos quita la cara de felicidad. No sé cómo de contentos viven los de Ourense, con ese calor intenso que siempre los acompaña, pero los de Coruña, si nos dieran a elegir, nos quedaríamos con esta temperatura alta para asegurarnos un tiempo tan feliz como el que estamos viviendo. Se nos ha notado en todo; en la playa, cuando nuestro problema mayor era escoger entre irnos a una de los arenales de «fuera» o quedarnos el fin de semana en las playas clásicas de la ciudad. Y disfrutarlas en otra versión de sí mismas. ¿Para qué coger el coche un domingo si tenemos aquí enfrente este paraíso? Esos dilemas son muy cariocas. Esos detalles que marcan la diferencia entre estar bien y estar muy bien. El calor se nos ha notado también en la forma de vestir; que por fin nos hemos puesto los tirantes y las camisetas descocadas, y hemos conseguido ir a la playa sin jersey. Pero sobre todo hemos podido hacer planes de verano, sabiendo que al día siguiente se iba a abrir otra vez la posibilidad prevista sin que se chafase. Hemos hecho pleno: 30 días de 30. Una excursión, la piscina, la cervecita, el maratón de la playa... Este verano, mirándolo bien, el norte ha sido más sur que nunca, con todo el entusiasmo desbordado en la calle. Tanto que nos ha dado igual el desgobierno. La naturaleza nos ha compensado con un sambódromo de gente, un carnaval de exceso, un lujo de tiempo. El sol nos ha traído la suerte de sentirnos auténticamente del sur. Como nos lo había contado Bebeto. «Coruña é o pequeno Río». Y este, no lo olviden, ha sido -y todavía es- nuestro verano olímpico.

Por Sandra Faginas Coruñesas

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