«No fue valentía, sino un impulso»

fErnando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Se enfrentó al atracador que entró en su tienda el pasado lunes

18 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El joyero Evaristo González relató en Radio Voz los tensos momentos que vivió en la tarde del pasado lunes cuando un atracador entró en su tienda de la calle Juan Flórez e intentó intimidarle encañonándole con un arma. El joyero, que muestra los golpes recibidos en la mandíbula, lejos de amilanarse le plantó cara e intentó impedir su huida.

-¿Está recuperado del gran susto?

-No fue tan grande, precisamente porque le hice frente al atracador. Si le hubiese dejado marchar creo que a la larga habría sido peor.

-¿Peor?

-Sí, porque así liberé mucho estrés y me quedé muy tranquilo. Una vez me robaron, sin atraco ni violencia, y cuando me di cuenta estuve como un mes dándole vueltas. Me sentí impotente. Pero en este caso no me quedó sensación alguna de impotencia, porque liberé mucha adrenalina. Rompí dos sillas, me pegó con la pistola... Estuvimos unos diez minutos forcejeando. Pero lo más preocupante es que había gente pasando por fuera, por la calle, y lo estaba viendo, porque a través del escaparate se ve el interior. Yo les hacía señas para que llamasen a la Policía. Pero nada... Eso es lo que no entiendo.

-¿Cómo era el atracador?

-Tenía un aspecto muy normal, porque si no ya no le abro la puerta. Tendría unos cuarentaytantos años. Y me pidió que le enseñase anillos de compromiso, así que le fui mostrando mientras él estaba sentado. Pero llegó un momento en el que desconfié, porque me preguntó cómo hacíamos para tomar las medidas «porque mi mujer tiene el dedo muy delgado», dijo. Ahí recapacité, porque me había preguntado por anillos de compromiso y ahora me hablaba de su mujer. Entre tanto ya habían pasado unos veinte minutos, y al decirme eso intenté retirar unas piezas que le estaba enseñando sobre el mostrador y fue cuando él sacó la pistola. Me dijo que no me moviera y que dejara los anillos ahí encima.

-¿Qué hizo usted entonces?

-Mi reacción fue coger una lastra, una pieza de hierro donde ponemos los anillos, y le tiré un lastrazo a la mano con la que sujetaba la pistola. No le di bien y entonces empezó el forcejeo. Vino dentro del mostrador, nos agarramos, le di con una silla... Y así estuvimos un buen rato. Intentó salir, pero yo no le dejé. Al final encontró un pulsador que atrancó con una silla y entonces escapó.

-¿No tuvo usted miedo?

-Tuve cuando me apuntó a las piernas. Me repetía que le abriese o me pegaba un tiro, y yo le respondía que podía dispararme pero que de aquí no salía. Ahí tuve miedo. Más que cuando me apuntó a la cara, donde me dio varios golpes con la pistola.

-¿El arma era de fuego?

-No lo sé. Le agarré la mano un momento, pero lo último que haces es fijarte en si la pistola es de verdad o no. No le iba a preguntar por la marca. Me sorprende que en la prensa saliese que era de juguete, porque ni yo ni la Policía podemos asegurarlo.

-Suelen aconsejar no enfrentarse al asaltante. Se mostró usted muy valiente.

-No fue valentía, sino un impulso. Vi que se retraía y se ponía nervioso cuando le dije que de allí no salía. Creo que yo estaba más tranquilo que él en ese momento. Pero ahí no piensas en lo que te aconsejan. Haces lo que te sale del corazón.