Impudicia

Manuel González

A CORUÑA

25 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Si pudiera dar una palmada y quemar todas las cámaras de los móviles del mundo, juro que lo haría. Son palabras de George R. R. Martin. Y cuando el Gordo Martin amenaza con algo, hay que tomárselo en serio. Muy en serio, diría yo, porque de lo contrario mata a un Stark. He de confesar que me adhiero fervorosamente al punto de vista del autor de la premiada saga televisiva Juego de tronos.

Numerosas celebretíes repiten que están consternadas porque sus fotos íntimas han sido tomadas de un insólito lugar llamado La Nube y luego han sido puestas en circulación para el disfrute de todo aquel que se asome a las redes sociales. En los últimos meses conocimos la muerte de un matrimonio que estaba haciéndose una autofoto (eso que los finolis llaman selfie) junto a un acantilado, con el pretexto de ofrecer una instantánea de gran riesgo. Una práctica, la de la autofoto, que en lo que va de año se ha llevado por delante la vida de doce personas. Así que entre hackers, selfies, sextings, whatsapp, iCloud, twitter y demás, los ociosos matan el aburrimiento con el corolario habitual del Facebook, esa especie de cubo de la basura donde los más arrojan su pudor y recato.

Al respecto, resulta obvio que la mejor manera de que nadie conozca tu intimidad es no autofografiarse. Y mucho menos como Dios te trajo al mundo. Hubo un tiempo en que las chicas a lo más que llegaban era a enviarle al novio una postal con aquello de «date prisa cartero que esta carta es para el soldado que yo más quiero». Hoy, muchas (y muchos) nos cuentan en las redes los pormenores de su último viaje, lo que han comido o, incluso, con quién se han acostado, olvidando que siempre es aconsejable la discreción para preservar la intimidad. Sin duda, entre todas las costumbres vinculadas al uso del móvil, creo que la más divertida es, sin duda, la que llaman photobomb. Es decir, fastidiarle la foto a otros colocándose detrás en alguna pose provocativa. Inició la moda el Príncipe Harry y no me parecería mal que se extendiese.

Es más, propongo hacerle photobomb a más de un dirigente, sea de la casta o de la gente, pues no creo que la ley de Seguridad Ciudadana o el Código Penal hayan previsto entre su amplio articulado castigo alguno a los reventadores de fotos. ¿O sí?