Labaca repasa su siglo de historia

El colegio de Juan Flórez celebra su centenario con charlas y exposiciones


A CORUÑA / LA VOZ

En una casi desértica calle Juan Flórez se inauguraban en mayo de 1915 las Escuelas del Ave María, un centro pionero tanto por su arquitectura como por su modelo pedagógico, y que nació de la mano del filántropo coruñés Ricardo Labaca y de su hermana Ángela. El primero había pasado varios años trabajando como magistrado en Granada, y allí conoció al sacerdote Andrés Manjón y su método educativo, que quiso trasladar a A Coruña. Según recuerda el actual director del colegio rebautizado como Labaca, Andrés Soto, «a teoría manjoniana propoñía que os alumnos debían aprender xogando, algo que contrastaba un pouco cun centro relixioso coma este, pero que estaba na liña da escola nova europea».

Siguiendo esta teoría, los primeros 150 estudiantes (separados por sexos) que ocuparon las dos aulas que había -y que aún se conservan- recibían clase con juegos de aritmética, gramática, lengua y geometría, mapas en relieve (que se han reproducido en el patio del centro), así como grandes cuadros conceptuales pintados en las paredes que explicaban la historia de España y de la religión. Toda esta particular actividad docente también fue posible gracias al singular diseño del inmueble, obra del arquitecto Leoncio Bescansa. Así, el edificio se construyó siguiendo unas directrices estrictas, partiendo de que debía estar rodeado de jardines para aislarlo del ruido, que tenía que contar con patios amplios para que pudiesen jugar los alumnos, o que las aulas deberían tener cuatro metros de altura para que la luz natural llegase a los estudiantes.

Transformación

A lo largo de estos cien años de vida, el colegio Labaca experimento varios cambios, ya que llegó a contar con un amplio teatro y un aulario, que fueron sustituidos por un patio cubierto y los edificios de infantil y primaria; y dejó de estar gestionado por la Fundación Labaca para pasar a manos de la Consellería de Educación. Sin embargo, el centro conserva intacto todo el edificio original, marcado por un aire modernista que culmina con una gran cúpula, y que en su interior atesora dos aulas originales (reconvertidas en biblioteca y sala de ordenadores), un recibidor de madera con una gran escalinata, así como con un reloj Emilio Vergne que acaba de ser restaurado por la compañía Dans con motivo del centenario del colegio.

Además, para festejar este aniversario, desde el 12 de febrero se celebrará un ciclo de charlas en la que arquitectos y pedagogos hablarán sobre las características e historia de este centro. También se organizará un concurso de dibujo y varias exposiciones sobre los cien años de vida del colegio y su barrio, e incluso se recreará un aula del año 1915 con el mobiliario original.

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