Fuga en la cárcel del Parrote

Xosé Alfeirán

A CORUÑA

Los presos se descolgaron del tejado tras reventar las puertas de su celda

11 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En el viejo caserón de la cárcel del Parrote, el vigilante Aureliano Amieva iniciaba una nueva ronda por sus dependencias. Construida entre 1758 y 1760, constaba de tres plantas de forma pentagonal irregular y tenía un pequeño patio central. Ocupaba uno de los lados de la plaza del Parrote o de la cárcel y estaba casi pegada a una de las esquinas del edificio de Capitanía con el que se comunicaba mediante un pasadizo elevado cubierto. Destruida en 1928, por parte de su antiguo solar pasa hoy la carretera del Paseo del Parrote.

Eran las cuatro de la madrugada del 25 de febrero de 1904. Cada dos horas realizaba las rondas y nada raro había notado. Pero ahora en el patio tropezó con varios hombres; asustado, pidió auxilio al único compañero que con él hacía guardia esa noche. Controlada la situación notaron que faltaban ocho presos. Se había producido una fuga.

En la dependencia conocida como Cadenas, poco después de medianoche, Lorenzo Balseiro de Frac, de 43 años, natural de Mañón, condenado a cadena perpetua por participar en el asesinato en 1900 de la criada del cura de As Grañas do Sor, y del que se decía en la prensa que era padre del famoso bandolero Mamed Casanova, comunicó a sus 16 compañeros de celda que pensaba evadirse esa noche y que el que quisiera podía seguirle. Al mismo tiempo sacó un cuchillo, hecho con un aro de sella afilado, y amenazó con matar a quien se lo impidiese. Tenía como compinches a José Secundino Pedre, de 33 años, coparticipe del crimen de As Grañas, y a Celestino Bernardo González, de 48, penado por robo y experto en fugas. Querían aprovechar la oportunidad de estar recluidos provisionalmente en una cárcel considerada como de las más fáciles de España para escapar.

De entre las ropas de un camastro sacaron una barra de hierro arrancada días antes de la oxidada balaustrada de la escalera que comunicaba el patio con el balcón del primer piso. Le habían limado la punta y con ella intentaron abrir un boquete en la pared pero, tras arrancar algunas piedras, abandonaron por ser los muros muy gruesos. A las dos de la madrugada esperaron en silencio a que pasara Amieva. Luego decidieron desvencijar las dos puertas que cerraban la celda; empleando la barra como palanca lo lograron.

Pasaron al balcón del primer piso y utilizando una larga percha como escalera subieron al del segundo piso y después al tejado. Con ellos también fueron cinco presos más. Con varias mantas rotas y atadas se descolgaron desde el tejado Pedre, Francisco Crego, Alfonso Rodríguez, Antonio Fandiño, Balseiro y Celestino González. Cuando este bajaba, la cuerda de mantas se desenganchó, cayendo y dándose un fuerte golpe que lo dejó renqueante. Atrapados en el tejado quedaron Francisco Liste y Francisco Freire. Una vez en la calle y teniendo como guía a Crego, que era vecino de A Coruña, dieron un rodeo para no ser vistos y por la zona del Orzán y Riazor se encaminaron hacia Santa Margarita. Allí se separaron. Solo Pedre conseguiría huir y marchar a Argentina. Continuará.