El cólera fulminante de 1854

La pandemia mató a miles de personas en la ciudad y sus arrabales

El lazareto de San Simón acogió a los tripulantes de la fragata «Abella» contaminados con el cólera
El lazareto de San Simón acogió a los tripulantes de la fragata «Abella» contaminados con el cólera

Veinte años y diez meses después, había vuelto. El 19 de noviembre de 1853 el cólera llegó de nuevo al puerto de Vigo; lo traía el vapor Isabel la Católica. El navío, su tripulación y sus enfermos pasaron la cuarentena en el lazareto de la isla de San Simón, frente a Redondela. Desde allí la enfermedad se propagó poco a poco por las Rías Baixas. Inicialmente sus efectos se limitaron a las clases pobres, mal alimentadas y desaseadas, y su mortalidad era escasa. Pero al mismo tiempo que se extendía, su agresividad fue aumentando.

El 6 de mayo de 1854 en el puerto coruñés estaba fondeada la fragata Abella. Su destino era La Habana a donde pretendía llevar unos 130 o 140 colonos que habían llegado de toda Galicia. En la mañana de ese día uno de dichos colonos enfermó a bordo; trasladado al hospital de la Caridad (que estaba en la actual calle Hospital) falleció al llegar. Poco después murieron en el barco de forma fulminante cuatro colonos más. Alarmadas, las autoridades sanitarias decidieron enviar a la fragata y a todos los que en ella estaban al lazareto de San Simón. Partió a la mañana siguiente, arribando el 9 a la ría de Vigo. El viaje debió de ser dantesco, pues llegó con 2 cadáveres y 19 enfermos.

Tripulantes de la «Abella»

Diez días más tarde un muchacho marinero padeció una fuerte diarrea con vómitos. Atendido por su médico logró superar la crisis; pero el 21 enfermó su madre y el 24 su tía que murió a las pocas horas. Todos vivían en una casa pobre, la número 22 de la calle de las Bestias (hoy calle Alameda), y eran familiares de uno de los tripulantes de la fragata Abella. Tras diagnosticar los médicos que era el cólera, las autoridades actuaron con celeridad, pusieron en cuarentena a los vecinos, quemaron sus ropas, destecharon la casa para que se ventilase y fumigaron las paredes. Aparentemente el mal parecía conjurado, pues en los meses siguientes nada nuevo aconteció.

Sin embargo los temores permanecían ya que la epidemia afligía a muchos lugares de Galicia y España.

El 22 de septiembre dos pobres vecinos de la aldea de Vioño murieron rápidamente atacados por fuertes cólicos y diarreas. El 24 ya había nueve contagiados en dicha aldea y aparecían los primeros afectados en el barrio de Santa Lucía. El 25 ya estaba dentro de la ciudad acometiendo a una familia que vivía en la calle Cormelana número 1.

Paulatinamente fueron apareciendo más y más casos, aumentando considerablemente a partir del 8 de octubre. Lo peor aconteció el 19, 20 y 21 de ese mes. El horror y el espanto cundieron por toda la ciudad y sus arrabales con cientos de personas de todas las clases sociales enfermando o muriendo diariamente de cólera fulminante. Desde el 22 la pandemia fue remitiendo quedando concluida el 27 de noviembre.

Según el médico coruñés Narciso Pérez Rioyo, testigo de los hechos y director del hospital provisional creado para atender a los coléricos, murieron unas tres mil personas, de siete mil que padecieron la enfermedad en una ciudad de unos veinticinco mil habitantes.

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