La ORA cumple 25 años y se aplica en 5.853 plazas repartidas por toda la ciudad
27 oct 2014 . Actualizado a las 11:05 h.En 1989 A Coruña era de otra manera. La época en la que se podía jugar a la pelota en la calle porque no pasaba un coche había pasado a mejor vida. La ciudad enfilaba hacia lo que hoy es, con la renta media subiendo y el número de coches, con ella. Hasta que se convirtieron en un problema. Entonces los aparcamientos subterráneos eran anecdóticos y las contadas calles de la ciudad, se quedaban pequeñas. Tanto que el entonces alcalde, Francisco Vázquez, mandó parar y buscar soluciones.
La ORA no solo era entonces algo nuevo, sino un tema tabú. Si hoy los hay que siguen pensando que pagar por aparcar en la calle es un atraco, entonces la cifra se multiplicaba por mil. Lo de que poner una tarifa servía para promover las rotaciones, no valía como justificación. Aún así, la pintura azul se adueñó, entre críticas, de las calles del centro. Han pasado 25 años y los conductores se han acostumbrado ya a pasar por el parquímetro.
Los establecimientos regulados fueron muy polémicos en sus inicios, e incluso se llegó a pensar en dejarlo en la carpeta o posponerlo por la factura electoral que podía pasar una decisión como aquella, y que al final no pasó.
Hoy la ORA se ha convertido en algo habitual y se extiende desde el centro hacia los barrios, que todavía están, en su mayoría, libres de ese sistema.
De aparcamiento libre hay en A Coruña cerca de 30.000 plazas, de ORA son casi 6.000, concretamente, 5.853 de cuatro tipos diferentes: de larga duración (hasta dos horas máximo), de corta dirección (hasta una hora, como el entorno de la plaza de Lugo), de párking express (hasta 20 minutos) y reservado para residentes. De estas últimas suman unas 2.000 en toda la ciudad.
A esas cifras se le añaden otras 35.538 plazas en aparcamiento públicos y privados, con 26.000 sitios en rotación. Aún así, no llegan para satisfacer las necesidades de los cerca de 150.000 coches que circulan por la ciudad. La ORA evitó que los vecinos se quedaran «en propiedad» con un sitio, pero no acabó con los malos hábitos de muchos conductores en una ciudad donde la doble fila sigue siendo algo habitual y la excusa del «solo era un minuto» se sigue repitiendo a cada infracción. Eso no se arregla con parquímetros.