David Perdomo: «Reconozco que tengo un punto macarra y pijito»


Es ambiguo. No resulta fácil encasillarlo. Le gusta el heavy metal y «ahora me dio por la música medieval». Canta en el grupo Señor Peligro, «pero me encanta acostarme temprano y levantarme pronto». En su cuerpo lleva «1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 tatuajes», los cuenta. No bebe alcohol y no le gusta el fútbol. «Odio las posturas. No me interesan los estándares. No tengo tarjeta de presentación. Soy un dragón de siete cabezas», asegura David Lendoiro Perdomo. «A nivel artístico utilizo el apellido de mi madre, que murió en el 2005. Es un homenaje a ella, que era de La Laguna, Tenerife. Tengo algo de guanche. Cuando fui a Canarias dije, ya entiendo todo», apunta sonriente este actor y monologuista. Habla y dispara. Es un ametralladora. «Me saca de quicio el gobierno. Me fastidia cuando no se respeta a la gente, cuando nos tratan como cabezas de ganado. Choca contra la libertad, que es lo que yo defiendo. Pero no me metería en política. Cuando un actor se mete es que se vio para arriba y entonces la fastidia», reflexiona y cita a Toni Cantó, los Bardem o Willy Toledo. Charlamos en El Pato Mareado de la calle Padre Feijoo, lejos de su querido Monte Alto. «Reconozco que tengo un punto macarra y pijito», sentencia.

Vis cómica

Tiene 34 años. Vive con su novia -«mi chica»-, que estudió Derecho pero no ejerce, y con su gato. «No me gustaría tener una pareja del mundo artístico. Y también prefiero amigos que no sean del artisteo, me hacen sentir normal», confiesa David, que algún día le encantaría ser padre de una niña. Toma mucho café y odia a la gente «que lo traga fuerte, de un sorbo. Todos tenemos nuestras taras, también procuro no pisar las rayas del suelo». En casa tiene una bicicleta estática en la que pedalea de vez en cuando. Es «golosón. El chocolate es mi perdición». Cocina y se le da bien. Estudió en Peñarredonda, pero lo acabaron echando. «Era un rebelde, un peligro público y nunca me gustó estudiar. No tenía nada que ver con aquella gente de tantos apellidos, pero mi madre era profesora en Montespiño...» Se formó como actor en varias escuelas. «Hice hasta teatro clásico, soy un todoterreno». Pronto descubrió su vis cómica. «En el colegio imitaba a los profesores y en casa en Nochebuena era el que contaba los chistes. Yo quería ser Marlon Brando pero un día subí al escenario...», recuerda.

El monólogo del Koruño

En el 2009 un vídeo suyo inspirado en el koruño, el idioma autóctono coruñés, se convirtió en viral. «Se lio parda, y eso que para mí era algo que ya estaba pasado porque llevaba años con este tema. Se disparó la popularidad, las chicas se quieren hacer fotos conmigo y no le saqué partido económico. Ahora en los shows, aunque tengo cantidad de personajes e historias, la gente espera lo del koruño», relata. En el escenario viste de negro en homenaje a uno de sus ídolos, Johnny Cash. Nunca sale de casa sin su pulsera, su anillo y su perfume. Se declara melómano. Le gusta escribir prosa poética. «Son pensamientos. Me dicen que algunos son ñoños. Me relaja escribirlos. Estoy pensando en editarlos. No sé», comenta. También le atraen los vampiros y el cine de Scorsese, Tarantino o Coppola. «El Padrino es lo más grande que se ha hecho nunca», afirma David, harto de que le digan «eres más bajito en persona de lo que parecía». Nos despedimos. Emprende camino hacia su casa de Monte Alto. «Mi lugar favorito de A Coruña es la Ciudad Vieja, tiene un encanto especial. Me encantaría vivir allí».

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