Esto es mucho más que una ferretería


El escaparate de La Cabeza del Caballo se ha convertido en un reclamo turístico del casco histórico

Raimundo es la quinta generación de una ferretería «que tiene por delante muchos años de vida»

[Toni Silva] Aquí puede encontrar una navaja de Albacete, cuerda para rodear un edificio, decenas de pilas o cientos de alcayatas. Le dará la bienvenida una cabeza de caballo que vigila en la fachada. No, no es disecada. Pero si estuviera viva relincharía en alemán (llegó de Solingen) las vicisitudes de todo el siglo XX, tal es su antigüedad. Este elemento equino ha bautizado popularmente a esta ferretería de la zona noble de Betanzos donde, además de comprar navajas, cuerda, pilas y alcayatas (y cientos de objetos más), el comprador puede recrearse con sus escaparates diseñados con nostalgia. La cristalera interior parece haber salido del atrezzo de Cuéntame: cámaras fotográficas antiguas, botellas de gaseosa, refrescos de logotipos arcaicos, juguetes de nuestros abuelos... Y coches, muchos coches porque esa es una de las aficiones de Raimundo Núñez Faraldo, uno de los que atiende cada día al otro lado de este mostrador también histórico.

El escaparate de esta ferretería es un ser vivo. Cambia cada día. Transmite alegría y tristeza, según el estado de ánimo de Raimundo, su demiurgo. «Para mí es como una ventana abierta a todo el mundo y que me permite acumular muchas anécdotas», explica este dependiente, quinta generación de un negocio fundado hace ya más de 130 años, «más antiguo que la Coca-Cola y Mercedes-Benz». «Es un orgullo limpiar todos los días las huellas de las manos y la nariz de los niños, significa que les gusta», reflexiona.

Volvamos al motor. Raimundo descubre a todos los amantes de las dos y cuatro ruedas que pasan ante su cristal. Da igual que no necesiten una navaja, una cuerda... a veces entran para comentar la maravillosa composición que ofrece a través del cristal.

Desde Le Mans

«Este verano entró un señor francés al ver las fotos de Stirling Moss, me comentó que vivía en Le Mans (templo del motor), y me acabó enviando un sello conmemorativo», relata Núñez Faraldo. En su expositor se recoge una placa del Rali de Montecarlo. Fue la propia organización de la prueba mundial, conocedera de este escaparate, la que le envió el regalo por correo. Para los amantes de los trenes, pronto volverá una réplica a la ventana de esta ferretería que ya forma parte del patrimonio histórico y nostálgico de Betanzos.

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