Alberti con vistas a O Burgo

Alicia Cano, una valenciana afincada en Culleredo, conserva decenas de cuadros y manuscritos del genial poeta del que fue secretaria en Roma


Culleredo / La Voz

La casa de Alicia es también la casa de Rafael Alberti. Nada más cruzar el umbral de este piso de Culleredo un cuadro de este genio espera en la entrada. «En cada habitación hay como mínimo una pintura de Alberti», explica Alicia Cano, valenciana afincada en Galicia desde hace casi treinta años. Lo suyo no es una obsesión por el genial poeta, sino recuerdos de su intensa etapa vivida con él. Porque Alicia fue secretaria de Rafael Alberti en Roma durante cinco años. Fue la ruptura con un novio en 1974 lo que le llevó a dar un giro a su vida en Italia. Y vaya si lo dio. A las pocas semanas de estar allí, se cruzó con el poeta en la embajada española y este le ofreció un puesto de secretaria. Se abría entonces una etapa intensa y fascinante en la vida de esta mujer. Aunque no todo fue glamur. «Cuando entré en aquella casa se me cayó el alma a los pies, había picassos apoyados en el suelo meados por el perro, tuve mucho trabajo para ordenar todo aquello», recuerda Alicia, quien relata el callejero de Roma con la misma soltura que un nativo del Trastevere.

En sus ordenadas estanterías se acumulan ediciones muy variadas de las mismas obras de Alberti y dedicadas en su gran mayoría. «A Alicia Cano Gómez, esa sirena de Via Garibaldi de su amigo R. Alberti», reza una de ellas acompañada de sus habituales garabatos. Se da la irónica circunstancia de que la casa de Roma, adquirida con el importe del Premio Lenin (unos 180.000 euros) era el ala de un convento.

-¿Y quién vive allí ahora?

-Este cuerpo.

Lo dice señalando uno de los dos cuadros que vigilan el sofá de su espectacular salón. Es la silueta de Beatriz Amposta, «la amante de Rafael Alberti». En el 2008 regresó a Roma y reconoció al portero del edificio. «Nos echamos a llorar». Fueron años muy intensos atendiendo a Alberti y a su mujer, María Teresa León, con gestiones bancarias, presentaciones, teléfonos que no paraban de sonar? Pero Alberti no era precisamente un jefe huraño y exigente. Todo lo contrario. «A veces me dejaba notitas escritas que ponían ?Hoy te obligo a ir al cine?». Aunque siempre vivió al margen de la política, Alicia se reconoce afín al comunismo de Alberti. «Un día cualquiera aparecía con cuatro o cinco mendigos para darles de comer -recuerda-, era humilde, generoso, un ejemplo de hombre».

De aquella etapa se ha llevado miles de recuerdos que se remueven cada vez que abre una de sus coquetas cajas de cartón, donde descansan fotografías, recortes, objetos... Siempre han viajado con ella hasta su elegante vivienda en Culleredo, con vistas a la ría de O Burgo. Fue su puesto de trabajo en El Corte Inglés lo que le sirvió de pasaporte para desembarcar en A Coruña. Ella puso en marcha la sección de peletería. Y no pudo hacerlo en mejor momento. «Ese año tocó el Gordo de Navidad en la refinería y vendimos género como churros», recuerda Alicia, enganchada a viajar y a disfrutar de su casa gallega. «Viví muy contenta en Madrid, pero esto es calidad de vida», sentencia.

Un curioso desayuno

Pero todo lo vivido desde los años ochenta está marcado por su etapa romana y la figura de Rafael Alberti. «Una vez le hice el desayuno y decidí prepararle algo afrodisíaco, creo recordar que un apio. Me miró y me dijo: ??Alicia, eres perversa??», relata entre carcajadas. «No había nada que le cabreara más que le llamase ??maestro??», añade.

Cuando Alicia conoció a Rafael, el entonces príncipe Juan Carlos estaba a punto de desembarcar en Roma para reunirse con un grupo de exiliados, entre ellos, el poeta y pintor gaditano. «Alberti tenía mucho poder fuera de España, todo el mundo le seguía y su opinión era siempre muy tenida en cuenta», dice Alicia mientras sostiene una fotografía de su jefe en el número 88 de la Via Garibaldi. Devuelve entonces el portafotos a la estantería y recoge otra en la que aparece ella misma junto a María Teresa León. «Ella era el alma de la escritura de Rafael Alberti, ella le incitó a escribir, a ella le debemos tanto talento».

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