Las últimas dos peleas en esta calle coruñesa causan alarma entre los vecinos y los hosteleros de la zona
18 may 2014 . Actualizado a las 04:59 h.Un acto vandálico provocó importantes daños en entidades bancarias. Dos peleas. Una de ellas se saldó con un herido grave, y otra, multitudinaria, que casi terminó en tragedia y con la vida de un joven. Un detenido e imputado por intento de homicidio. Y otros dos muchachos, involucrados en esta última reyerta, se presentaron voluntariamente ante un juez porque eran buscados por la policía. Fue lo que ocurrió en la zona de Pescadería desde el pasado 29 de marzo. Una situación que causa alarma entre los vecinos y hosteleros del barrio.
El presidente de la asociación vecinal La Marina-Pescadería, Juan Chas, indicó ayer que la situación de deterioro del barrio «viene de lejos». Data el inicio del problema «de cuando se realizaba el botellón en los jardines de Méndez Núñez». Porque un número importante de jóvenes, participantes de este tipo de fiestas, «simultaneaban los jardines con las calles de nuestra zona, al igual que iban al Orzán, a la calle Juan Canalejo...», subrayó Chas.
La situación se deja notar en las calles de los vinos, en Mantelería, en San Andrés, «en forma de residuos que dejan en las calles, suciedad en los portales donde se concentran, ruidos infernales que no dejan descansar a los vecinos, y pintadas, tanto en las propiedades privadas como en el mobiliario público».
De vandalismo a la violencia
Para Juan Chas lo que ocurrió en los últimos días en Mantelería y San Andrés ,«iba a llegar, tarde o temprano». Porque cree «que si no se controlan los actos vandálicos, si no se le pone coto, deriva irreversiblemente en violencia».
Por lo tanto, ahora en La Marina-Pescadería «tenemos un problema social grave por la falta de convivencia entre los que se divierten y los vecinos; de salud, por el exceso consumo de alcohol y por las agresiones; medioambiental, por la porquería que generan y la falta de respeto hacia el mobiliario».
Juan Chas reconoce la labor que hacen los agentes, tanto el 092 como la Policía Nacional: «Su trabajo es muy bueno. Recorren el barrio muy a menudo. Pero es imposible controlar a tanta gente que, desde el jueves por la noche y hasta el amanecer del domingo, aparecen por nuestro barrio».
Para Juan Chas el comportamiento de la mayoría de los hosteleros que trabajan en la zona «es inmejorable». Dice de ellos que son unos grandísimos profesionales, «aunque, como en todo, siempre hay alguno que no se comporta como debe», subrayó.
Son los propios hosteleros, la mayoría, los que no comparten la forma de trabajar de algún compañero. «No podemos hacer que cerramos la puerta y bajar la persiana hasta la mitad y continuar sirviendo copas», indicó un profesional.
No es que se sirvan copas a los clientes habituales, que se encuentren en condiciones físicas aceptables. «Es que hay alguno que está esperando a que lleguen aquellas personas que ya vienen rebotadas del Orzán, y le sirven la consumición». Catalogan a esta gente «como verdaderas bombas de relojería. Es difícil controlar a estas personas, de ahí, que a veces, la situación se les va de las manos».