Un superabuelo en Arteixo

Susana Acosta
Susana Acosta ARTEIXO / LA VOZ

A CORUÑA

PACO RODRÍGUEZ

A sus 91 años, Manuel Montes va a natación dos días a la semana, también a gimnasia, conduce su propio coche y come hasta hamburguesas

27 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Montes es un tesoro nacional, patrimonio de la humanidad, nuestra torre de Hércules porque a sus 91 abriles, casi 92 -los cumplirá el próximo 20 de mayo- tiene una energía envidiable y unas ganas locas de seguir comiéndose el mundo. No hay secretos o sí. Uno de ellos es la actitud ante la vida y mantener el espíritu joven. El otro, tener buen saque. Montes no le hace ascos a nada. Tanto le va un buen pollo de corral guisado como una pizza o una hamburguesa. Pero eso no significa que no sepa diferenciar: «Isto é unha comida de larcháns», le espeta a una de sus nietas cada vez que le propone cenar pizza, pero no por ello desaprovecha la ocasión de disfrutarla. Lo mismo le ocurre con las hamburguesas. Se las come, pero ni punto de comparación con un buen chuletón: «Coas hamburguesas pasa coma cos chicharróns da carnicería. Mesturan a carne», asegura con una sonrisa a la que es difícil no corresponderle.

Pero su pasión por la comida va hasta tal punto que reconoce que tiene que cortarse: «Se me preguntan ás veces que quero cear, xa digo que tomo un iogur», confiesa bajando el tono para evitar que nadie le escuche.

Y es que Montes quiere mantener la línea a toda costa: «Non quero estar gordo», confiesa este coqueto benjamín que no pierde la oportunidad tampoco de hacer deporte. Acude dos días a la semana a la piscina municipal a clases de natación: «Antes viña tres, pero cando chegou o inverno deume preguiza e decidín vir dúas», asegura.

También una vez por semana acude al centro social de Lañas a gimnasia. Él es el único hombre: «¿E logho a Manolo canto lle pagan por ir a ximnasia? Preguntoulle unha vez o meu cuñado a Pepita, a miña muller», bromea. Y es que como bien dice «nas aldeas os homes non van a ximnasia. Din que lle da vergoña». De sus compañeras de clase solo tiene buenas palabras, están muy pendientes de él: «Poderían ser miñas fillas, pero póñense a falar, e ji ji ji e ja ja ja e non fan nada», les reprocha gracioso.

Sus ansias de hacer cosas llega hasta tal extremo que le gustaría también apuntarse a la escuela de adultos: «Non podo ir porque coincídeme coa natación. Non se pode facer de todo», se lamenta.

Diez nietos y nueve bisnietos

Pepita y Manolo tuvieron cuatro hijos, tres hombres y una mujer, Miluca, a la que se le nota un cariño especial por sus padres: «Xa me gustaría a min estar tan ben coma el», confiesa la hija de Manolo, orgullosa de la salud de hierro de su padre, que ya tiene diez nietos y nueve bisnietos. El más pequeño, de apenas tres meses de edad.

Un Clio que tiene 23 años

Si hay algo de lo que presume Manolo es de su independencia. Por encima de todo le gusta su coche. Un Renault Clio que «ten poucos menos anos ca min». El vehículo ya superó los 23 años, aunque al igual que su dueño, nadie lo diría: «É que durme no alpendre e iso nótase a faille moi ben», asegura. Y es que de esta forma no tiene que depender de nadie: «Se quero vir á piscina xa veño eu. Ás veces marchamos Pepita e máis eu co coche ou vamos a tomar o sol por aí», aclara este hombre que tiene siempre en mente a su mujer.

-E Pepita, ¿por que non veu?

-Xa llo dixen, pero non quixo. Non quería saír na foto sen ir antes á perruquería.

-Entón é igual de presumida que vostede...

-Si, aos dous gústanos estar ben. (Se ríe)

Y es que Manolo Montes llegó hecho un pincel a la piscina municipal Con su chándal y sus deportivas impolutas, sin una arruga en la cara y con unos ojos pardos que es fácil entender por qué Pepita se quedó prendada de él. Felicidades a los dos. Se merecen haber llegado tan lejos así de bien.