Última hora
Zapatero pide un aplazamiento de su declaración por la «complejidad» del sumario

Dolor de tripa, dolor de vivir

r. d. seoane A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Alfonso Solar es el responsable de la Unidad de Gastroenterología Infantil del Materno.
Alfonso Solar es el responsable de la Unidad de Gastroenterología Infantil del Materno. césar quian< / span>

Expertos del Materno advierten que el 6 % de las consultas por molestias abdominales tienen que ver con la presión a la que se somete a los niños

08 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El dolor de barriga, a veces, es mucho más. Lo saben en el Materno, donde la Unidad de Gastroenterología Pediátrica ha comprobado no solo cuanto llega a afectar y no solo en cantidad. Las consultas por lo que se denomina dolor abdominal crónico que llegan hasta el hospital significan el 6 % de todas las atendidas por los especialistas, un total de 3.670 en el 2013.

Cuando a la consulta llega un niño quejándose de dolor de tripa, generalmente acumula un largo historial previo en su pediatra sin dar con una causa aparente. «Lo primero -explica Alfonso Solar, responsable de la unidad- es descartar una causa orgánica», cuestión no siempre fácil. «No hay un análisis, ni ninguna prueba de imagen, ningún marcador biológico» que facilite el diagnóstico, lamenta. Pero el dolor es real. «Existen disparadores de la enfermedad de difícil identificación -cuenta- y nos llama la atención entre los desencadenantes las dificultades que para muchos niños tiene la sociedad actual: tienen una agenda de responsabilidades diarias que a menudo no podría asumir un adulto, actividades escolares, extraescolares, la competitividad por sacar las mejores notas, ser el mejor en idiomas, en deportes... llegan a ocasionarles estrés y ansiedad». Al final, esas exigencias que sobrepasarían a los padres causan frustraciones, un «caldo de cultivo para las enfermedades psicosomáticas», advierte. Como el dolor de barriga.

«Tenemos claro que, además de ser examinados, esos niños necesitan ser escuchados», explica Solar, ya que «la frase ?no tiene nada? dicha por un médico con la mejor intención es interpretada como ?este médico no me puede ayudar?, cuando su dolor es real». A menudo, racionalizar esa agenda de exigencias estratosféricas de la que «no hay culpables», insiste el médico, ayuda a que la tripa, si no deja de dar la lata, duela menos o menos veces. En casos, hay que recurrir incluso al psicólogo. Pero la mayoría acaban mejorando.