No hay mar que por bien no venga

Susana Acosta
S. Acosta A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El mar se llevó el paseo y un muro de la playa de Gandarío.
El mar se llevó el paseo y un muro de la playa de Gandarío.

Buscadores de metales y recolectores de leña hacen estos días su particular agosto

06 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No solo el turismo de catástrofes está de moda. También los hay que van a la caza y captura de lo que el temporal ha dejado en la costa. Y es que a mares revueltos, ganancia de los que quieren hacerse con algún tipo de botín. Ayer mismo en la playa de Miño había quien buscaba con un detector de metales todo lo que el mar pudiese haber traído: «Nada, poca cosa, chatarra y monedas», comentaba al salir del arenal, resumiendo cómo se le había dado la mañana. Una afirmación que suena a tópico en estos casos, porque tampoco habría revelado lo contrario.

El bar del arenal de Miño tuvo movimiento el martes. Algo que no sería ninguna novedad si estuviésemos en agosto y luciese el sol. Y es que no importa que el paseo se haya quedado a la mitad, ni que haya que saltarse el precinto policial para acceder a él. Un mar de curiosos no desaprovecharon la oportunidad de hacerse la foto en el que ya se puede denominar como el paseo de la fama de Miño. Todo vecino que se precie ha pasado ya por allí.

Los efectos del temporal también se hicieron ver en la playa de Perbes, donde el mar movió los bancos de granito del puerto como si fueran dados de parchís.

En el arenal también apareció una batea y restos de vigas de madera de las mejilloneras que acabaron destrozadas. Con ese botín, no tardaron en aparecer los tractores y vecinos ataviados con sierras eléctricas, dispuestos a llevarse la madera para calentar las casas. Y es que esta es la cara amable de un temporal que ha destrozado paseos marítimos, derribado edificios como el de la playa de Miño y muros como el del albergue del arenal de Gandarío.

Duna desaparecida

Los oriundos de la zona aseguran que no recuerdan nada parecido. Y en el caso de Miño, lo achacan a que el mar se ha ido llevando poco a poco la duna que hacía de defensa natural de la costa y que las incontables ciclogénesis de este duro invierno hicieron desaparecer con una facilidad pasmosa.