Las salas no están para fiestas

La Voz chequea el estado y la historia de los famosos salones de bailes, donde actuaron las principales orquestas y artistas reconocidos de la segunda mitad del siglo XX


A Coruña / La Voz

Una vieja casa apenas llama la atención junto a la carretera en Visantoña (Mesía). Pide a gritos una capa de pintura, como tantas en la comarca, y los últimos temporales han acelerado su decrepitud. Pero su interior encierra un tesoro en forma de nostalgia. Donde hoy nadie pararía ni a preguntar una dirección, hace varias décadas era el epicentro de la diversión. Aquí actuaron Los Amaya, Peret, Los Chichos, Los Pequeniques, Los Chunguitos,... y en su último año de vida lanzaron sus gallos los Hombres G. «¿Te acuerdas? Eran los de ??sufre mamón, devuélveme a mi chica...??». Lo canta Ovidio Manteiga, dueño de esta sala de fiestas, conocida como Los Ricos y que mantiene su aspecto de 1985, año de su cierre definitivo. La bola de luces aún corona el centro de la techumbre, decenas de sillas resisten apiladas el paso del tiempo. Quizá en algunas de ellas se sentaron Las Grecas, o Lorenzo Santamaría, o Chiquetete. «La noche de Chiquetete esto se reventó -recuerda Ovidio-, por lo menos 1.100 personas había en la sala». El empresario recuerda que eran los tiempos de la discriminación positiva de la mujer: «Ellos pagaban mil pesetas en una actuación así y ellas 700, y luego a nivel pareja ya veías que ellos abonaban todas las consumiciones».

Los músicos madrileños se referían a esta zona como Siberia. «Muchas veces se quedaban atascados en la nieve de Pedrafita», dice Ovidio, quien vivió jornadas de tensión en una época en la que hubiera agradecido el WhatsApp. «Pasaba una hora, hora y media y veías que el artista no llegaba, tenía que irme a Ordes, a 18 kilómetros, a llamar por teléfono para preguntar al representante qué pasaba, me jugaba mucho dinero».

La población de la comarca alternaba entre Los Ricos, La Flor de Montouto (Abegondo), el Seijal y Trébol (Cambre), Rey Brigo (Betanzos), La Imperial y El Moderno (Curtis), Chiquitero (Guísamo-Bergondo), Gran Ritmo y Os Reixales (Carral), El Moderno (Sada), o el Paraíso (Oza dos Ríos). A Julio Lagares le tocó regentar este último entre 1967 y principios de la década de los ochenta. Pero el salón era casi de su edad. «Nacín no 1935 e xa ía ao Paraíso con 14 anos», recuerda Julio, quien regentó el salón junto con su compañero Francisco Vilas. Por este rincón coruñés, hoy famoso por su reciente unión con el municipio de Cesuras, pasó un Pucho Boedo aún desconocido para la gran mayoría. «Veu coa orquestra Oriente, coa que comezou nisto da música», explica Lagares. «E enchíase, á sala viña moita xente, por aquí pasaron todas as orquestras de Galicia».

La originalidad no era el fuerte de los nombres de las salas de fiestas. Por la comunidad abundan las que eligieron como Moderno, Trébol y Paraíso. «No caso de Oza dos Ríos, o máis rico do pobo falara dunha sala de Madrid que se chamaba Paraíso, e así se elixiu o nome para aquí», explica Julio, que solo abría los domingos. «Os sábados non se levaba o do baile». Lagares recuerda que aquel nombre no hizo gracia a todo el mundo. «Enfadárase o cura que dicía: ??O nome é moi bonito, pero maldito quen llo puxo??». Como de la gran mayoría, hoy no queda ningún vestigio de esta sala construida en la década de los cuarenta. En su lugar se levanta un edificio de viviendas con una entidad bancaria en el bajo.

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