El juego revuelto de la Pikachu


El hermetismo de los partidos políticos ante las crisis internas suele durar poco. En el caso de la Pikachu, se ha esfumado después de levantar el secreto de sumario y conocerse las declaraciones de los principales protagonistas. Fue el propio alcalde, Carlos Negreira, el que avanzó que puede haber ceses -o dimisiones en algunos casos- si se deducen conductas graves desde el punto de vista penal. El regidor coruñés no ocultó su malestar con algunas de las críticas que ha recibido. Sobre todo con el fiscal jefe de Galicia, Carlos Varela, que hizo unas declaraciones con cuyo espíritu coincide la mayoría de los ciudadanos -«hai que distinguir entre a inocencia penal a inocencia política»-, pero al que siempre se le recuerda que destaca más por sus respuestas periodísticas que por sus actuaciones de oficio, algo para lo que le faculta la ley, como en el caso de los preferentistas, por ejemplo.

Negreira ha hecho suya una máxima rotunda: «El que la haga, que la pague». Ya ha demostrado ese talante en casos de relevancia, como los parlamentarios Pablo Cobián y Javier Escribano, a los que exigió su dimisión en cuanto fueron imputados. El primero ha salvado el primero de su conflictos judiciales, mientras que el segundo ha salido definitivamente absuelto de cualquier irregularidad. Esos antecedentes también se tienen en cuenta. Además, como reiteró esta misma semana, «Julio Flores es un hombre de mi entera confianza, el portavoz de mi gobierno y estoy seguro de que no ha cometido ninguna irregularidad». Negreira salió así al paso de los que le piden sangre. Al menos de momento.

La memoria. Una actitud similar es la que ha mantenido la socialista Mar Barcón, que tiene en José Nogueira uno de sus más sólidos apoyos esta semana. A diferencia del PP, la agitada vida interna del PSOE ha resucitado las navajas dialécticas. El edil Jesús Fernández rompió la tregua interna para pedir cabezas. Fue secundado de inmediato por su inseparable Gloria del Valle, con la que ha compartido acciones tan poco democráticas como los escraches ante la sede del PP convocados por otras formaciones o la abstención, rompiendo la disciplina de voto, en la polémica moción de Someso por la que ambos estuvieron a punto de ser expedientados. Fernández, como Del Valle, están alineados con el histórico Salvador Fernández Moreda, que hace escasos días conoció el sobreseimiento de su imputación en el escándalo de las indemnizaciones de Caixa Galicia. Lo que se preguntan muchos militantes es por qué le ha entrado ahora ese ataque de conciencia a Fernández y no antes, cuando uno de sus mentores se hallaba imputado. Y hay quién va más allá y se pregunta si mantendrá esa misma beligerancia si en la siguiente remesa aparecen nuevos datos sobre la figura de Emilio Vázquez, el secretario de Organización provincial, que en la primera entrega aparece para concertar una cita con José María Tutor y otro histórico socialista, Moisés Rey. ¿O ahí habrá otro baremo como con Moreda?

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El juego revuelto de la Pikachu