Celebra el 100.º cumpleaños con los amigos del bar


Como cada tarde, Antonio Pérez Merino acudió a su cita en el bar Lo-ma de la calle Vizcaya, esquina Falperra, en la zona de los Mallos. Con lo que no contaba es que, además de sus compañeros de partida de siempre, le esperaba una tarta de cumpleaños en la que figuraban unas velas que daban forma a una cifra redonda, 100, los años que cumplió. Fue su balón de oro a la amistad y a la edad. «Estoy muy emocionado», acertó a decir con lágrimas en los ojos. Los compañeros de tute o escoba le entregaron una preciosa placa en la que se puede leer: «En el día de tu 100 cumpleaños, con cariño, tus amigos del bar». Ayer, sobre las mesas del local, hubo tapas en lugar de tapetes. Fue la fiesta del siglo. Natural de la localidad leonesa de Valencia de Don Juan, donde nació un 13 de enero de 1914, poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, Antonio se estableció en A Coruña al acabar la Guerra Civil. Enviudó hace casi 30 y tuvo dos hijos, uno de ellos ya fallecido. Vive en la ronda de Nelle en casa de su nuera. «Se levanta sobre las diez y media y se asea. No precisa de ayuda. Además de la partida, lo que no perdona es la lectura de La Voz de Galicia y, cuando juega el Deportivo, baja con tiempo al bar para coger sitio. Come de todo y todo le sienta bien. Yo cojo catarros y él nada. Tiene artrosis en las rodillas y para andar necesita dos bastones, pero es muy activo. Cuando llega al bar se le van los dolores, es donde mejor está», comenta Loren, la nuera. Me cuenta el centenario que desde primera hora de la mañana recibió llamadas de familiares, pero nada como la fiesta que le tenían preparada en el bar. «Es amigo mío, a pesar de que me suele ganar», comenta un asistente. Mientras los invitados daban buena cuenta de los pinchos, en la tele Pelé y Cristiano Ronaldo emularon a Antonio y también rompieron a llorar.

Recital en el Rosalía

Es la coruñesa de apellido más complejo. Marianna Prjevalskaya ofrecerá hoy, a las ocho de la tarde, un recital en el Rosalía de Castro. «He deletreado muchísimas veces mi apellido», me comenta sonriente en un descanso del ensayo de ayer. Llegó a nuestra ciudad con 10 años. Su padre vino a tocar a la Orquesta Sinfónica de Galicia. Su último gran concierto en A Coruña fue el pasado mes de abril, en aquella ocasión acompañando, precisamente, a esta orquesta. «En el Rosalía no toco desde el 2009 y me hace mucho ilusión porque el público coruñés me conoce», destaca. La pianista interpretará piezas de Haydn, Debussy y Rachmaninov en una actuación que forma parte del programa de la Sociedad Filarmónica. El sábado, Marianna regresará a Estados Unidos donde prepara el doctorado en piano en el Peabody Institute, la escuela de música y conservatorio de la Universidad Johns Hopkins. Tiene su sede en Baltimore, Maryland, y está considerada como una de las mejores de América. «Al menos tengo que estar dos años más allá», comenta esta Prjevalskaya de corazón coruñés.

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