Gelo, la Diputación y la transparencia


A Coruña

La imagen de la semana, por poco habitual y estridente, es la del alcalde de Oleiros, Ángel García Seoane, vociferando en la tribuna de invitados del salón de plenos de la Diputación e increpando al presidente del ente provincial, Diego Calvo, mientras era desalojado por un guardia de seguridad privada en medio de sus acólitos. Era la crónica de una bronca anunciada. Gelo es uno de esos políticos de la vieja escuela que sabe elegir bien sus enemigos para sacar ventaja. Su reivindicación tiene algo de agravio que recuerda a lo que ocurre en Cataluña. Oleiros es uno de los municipios más ricos de la provincia coruñesa, pero se siente agraviado por lo que reciben otros vecinos. Las cuentas de Oleiros han ido cayendo conforme ha ido pinchando la burbuja inmobiliaria y ya incluso cuesta colocar en el mercado parcelas municipales por las que antes había bofetadas.

Su condición de independiente le permite enfrentarse al resto de las siglas. Sonados fueron sus enfrentamientos con la conselleira Beatriz Mato en el inicio de la era Feijoo, hasta que consiguió diversas inversiones que estrecharon lazos. Lo mismo pasó con Ana Pastor y el mantenimiento de la Nacional VI o con Alberto Núñez Feijoo y Agustín Hernández con la vía Ártabra.

Búsqueda de fondos. Sus exabruptos han conquistado el voto de un electorado ajeno a su condición de declarado castrista. «Son cosas de Gelo» es la coletilla más repetida cuando se pregunta por algunas actitudes del alcalde que chocan en los tiempos actuales por desafiar toda lógica. Así, poco importa que utilice el coche oficial para acudir a nadar a la piscina o que tenga en su historial una condena que le supuso una inhabilitación. García Seoane mantiene su pulso y reclama, aunque sea con una actitud poco decorosa para un líder político que se defina como democrático, lo que es un clamor social: que las diputaciones, ya que no desaparecen y siguen costándonos dinero, sirvan para algo más que para premiar a los fieles y callados. Y que lo haga con transparencia.

El incierto futuro de Begano. Ahora que la fábrica de armas entra en una nueva etapa hacia su recuperación, las dudas se trasladan a otra gran empresa. La compra de todas las plantas embotelladoras de Coca Cola en España por la familia Daurella tendrá graves consecuencias para el peso de A Coruña en la multinacional. Al margen de los despidos en la cúpula, de la que saldrá en breve el coruñés Fernando Amenedo, hasta ahora director de Cola Cola España, quedan en el aire los puestos directivos de Begano. De Alfonso Molina se han ido ya algunos mandos intermedios. Y su director general, Antonio Couceiro, también tiene previsto abandonar la compañía en el primer semestre del 2014. Peor pinta el futuro de las nuevas instalaciones en Oza dos Ríos. En la nueva fase, la inversión de diez millones de euros proyectada por la empresa gallega queda en un segundo término. Con esa decisión se congelan cientos de puestos de trabajo. Una mala noticia.

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