¿Qué me quieres, Coruña?

Merino y Docampo abrieron el ciclo que suma nueve premios nacionales


A Coruña / La Voz

Los escaparates de las librerías son muy atractivos, pero al escritor Manuel Rivas le gustan más los de las ferreterías «con todas esas ferramentas por alí espalladas». Esto apuntaba en una de las presentaciones de su última novela. En A Coruña, las gentes de la cultura manejan sus herramientas con tal habilidad que han ido sumando premios nacionales en especialidades que van desde la literatura a la fotografía pasando por la música, la arquitectura o el cómic. Con ello, son ya al menos nueve premios nacionales los que están en manos de autores coruñeses de nacimiento o residentes en la ciudad.

Abrió el ciclo José María Merino en 1993 y le siguió, dos años más tarde, Xavier P. Docampo con Cando petan na porta pola noite, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. «É un recoñecemento, axuda, bueno a escribir non axuda», decía ayer el escritor recordando el ajetreo que suponen los días posteriores a la concesión del mismo. Este experto en el fomento de la lectura considera que el galardón «da unha especie de certa responsabilidade porque a partir dese momento van mirar con lupa todo o que escribas». El autor de Bolboretas (Everest) dice que el galardón «é unha cousa que din os demais de ti, iso de que es premio nacional, máis que cousa túa».

El siguiente a Docampo fue Manuel Rivas (A Coruña, 1957), que recibía el Premio Nacional de Narrativa por ¿Qué me quieres amor?. De esta obra de relatos, -«Verdaderas piezas maestras de nuestra narrativa contemporánea. Y por eso muy pocos escritores actuales lo consiguen», decía una crítica publicada entonces en Diario 16- saldría el guion de la película La lengua de las mariposas, dirigida por José Luis Cuerda.

«Veladas indecentes» y brasas

Y de la narrativa a la literatura dramática de Manuel Lourenzo. «Sei que anos antes dixérame Isaac Díaz Pardo que estaba nominado para un premio e pareceume raro porque non me promociono por aí», evocaba ayer el actor, que en 1997 recibía el Premio Nacional de Literatura Dramática por Veladas indecentes. Lourenzo, que lleva desde mediados de los sesenta dedicado al mundo del teatro, recuerda la satisfacción por recibir el premio «alegreime moitísimo, pero cando chegou o momento de recibilo foi outra persoa a buscalo; non estaba disposto a que pensaran que eu alguén».

Esa fuga de los focos, ese huir de llamar la atención es algo que también practica, siempre que le dejan, el último Premio Nacional de Poesía, Manuel Álvarez Torneiro: «Estou abrasado de tanta brasa», ironizaba, haciendo un juego de palabras con el título del poemario Os ángulos da brasa (Kalandraka). Es la primera vez que un poemario en gallego recibe el galardón y Torneiro confiesa su perplejidad: «Din que estou facendo historia». Luego bromea con el trajín que supone el premio. El ciclo de ganadores sigue y quizá los responsables de los galardones se estén preguntando, evocando a Manuel Rivas, «¿qué me quieres, Coruña?», pensando en el próximo año.

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