En el 2018 tres de los catorce tubos del oleoducto dejarán de utilizarse
17 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Aunque no hay fecha que fije la defunción del oleoducto -mejor dicho, poliducto, ya que lleva varias conducciones en paralelo-, sí la hay para el inicio de la cuenta atrás que acabará con él.
Es más, en parte, ya está finiquitado. El célebre poliducto se compone de 14 tubos de acero de 6,4 kilómetros y diámetros que oscilan entre las seis y las veinticuatro pulgadas. Su obra de construcción se inició en 1962, en paralelo a la refinería, y terminó, como esta, 18 meses después. Entonces poco protestaban. Con los años, y viendo accidentes ocurridos en otras latitudes, fue surgiendo un clamor popular pidiendo su eliminación.
Se irá, pero por partes. En abril del 2018 ya no habrá crudo en San Diego. Y al crudo, precisamente, se destinan tres de las catorce canalizaciones del oleoducto. Por ellas circularon el año pasado 4 millones de toneladas de crudo.
Esa sustancia, según el acuerdo alcanzado entre el Puerto y Repsol, fluirá desde abril del 2018 -como muy tarde- por otras venas, las que unirán Langosteira y la refinería, pero ya no por el centro de la ciudad. Las tres conducciones quedarán pues, inutilizadas. Se mantendrán otras once que las distintas Administraciones intentarán inutilizar lo antes posible, con el objetivo de que esté fuera de uso todo el sistema antes de que finalice la concesión a la empresa en San Diego, en el 2027. Lleva medio siglo funcionando, y aunque no tiene fecha, pocos parecen dispuestos a celebrarle muchos más cumpleaños.