La depilación se remonta a épocas ancestrales. Cada vez son más los que optan por eliminar el vello de la piel, y en la etapa medieval no iban a ser menos. Carmen de Vega, la propietaria de uno de los puestos de la Feira das Marabillas, lo sabe.
Por eso se decidió a ofrecer un producto diferente, que es tan antiguo como vigente a día de hoy. Eso sí, lo que vende en su tenderete es mucho menos moderno que la silk-épil. El producto en cuestión es un guante depilatorio con varios recambios. Tal y como explica la vendedora solamente hay que frotarlo suavemente sobre la piel, y esa acción «genera un calor que hace que los poros se dilaten y que el pelo se deshaga», apunta.
Natural e indoloro
Carmen asegura que la piel queda «totalmente lisa», y que es un método natural, indoloro y nada nocivo. Una vez que se gasta la lámina, solo hay que tomar otra de los recambios que trae el guante. No obstante, la comerciante confiesa que el sistema es antiguo, pero no tanto.
Y es que al parecer las medievales empleaban un compuesto con cal viva y arsénico. Como los cuerpos sin vello se consideraban pecaminosos, la moda era depilar así las sienes y las cejas al más puro estilo de la Gioconda. Está claro que la feria medieval esconde curiosidades que trascienden al cuero, los abalorios o los efectos guerreros. Y que, de paso, le dan una vuelta de tuerca para hacer de ella un éxito anual.