El asombroso terremoto

Xosé Alfeirán

A CORUÑA

Xosé Tomás

A Marola habría desaparecido en un fuerte temblor ocurrido en 1866

25 nov 2012 . Actualizado a las 07:03 h.

Las posibilidades de padecer un terremoto en el área coruñesa son de bajas a moderadas; pero tanto el registro histórico como la experiencia vital de muchos de sus habitantes nos recuerdan la existencia real de ese riesgo.

Hasta la década de 1960 no contamos en Galicia con registros sísmicos de carácter instrumental que, posteriormente, se fueron perfeccionando gracias al incremento del número de equipos y estaciones de medición. Para los períodos anteriores es necesario recurrir a las noticias dispersas recogidas, bien por cronistas e historiadores, bien por las diferentes publicaciones periódicas que van apareciendo desde el siglo XVIII. Las primeras recopilaciones de estas noticias sísmicas ya se realizaron hacia mediados del XIX, ampliándose los listados y catálogos de terremotos en las décadas iniciales del XX.

Sin embargo, por la procedencia de los datos, muchas de estas referencias históricas deben ser tomadas con precaución ya que, a veces, la fantasía o la imprecisión puede dar lugar a falsedades o distorsiones de lo realmente acontecido.

En algunos de estos catálogos sísmicos llama la atención la existencia de un posible terremoto acontecido en A Coruña en 1866. La historia es curiosa y merece una pequeña reflexión. El domingo 9 de septiembre de 1866, el periódico de Madrid La Correspondencia de España, en su edición de la noche, publicó la siguiente noticia: «Ha llamado la atención de los habitantes de la Coruña un fenómeno producido sin duda por algún temblor submarino que dio por resultado la desaparición de la antigua peña conocida por la Marola, después de haber chocado con la que lleva el nombre de las Ánimas, habiendo abierto un boquete en las peñas que circuyen el castillo de San Antón, capaz de dar entrada á una docena de quechemarines». Dicho boquete debía ser enorme, pues un quechemarín era un barco de vela con una arboladura de dos palos que, por sus buenas condiciones marineras, era muy utilizado en aquella época en el comercio de cabotaje.

Repitió la noticia dicho periódico en su edición de la mañana del 10 de septiembre y en días sucesivos fue copiada por otros diarios, entre ellos Le Moniteur universel de París del 13, en este caso con pequeños errores en los nombres de las islas. Posteriormente, en 1870, la noticia, en la versión del Moniteur, fue incluida en los listados sísmicos elaborados en Francia por Alexis Perrey. De ahí pasó, en 1932, al Catálogo sísmico de la península Ibérica publicado por José Galbis. Desde entonces, permanece en los catálogos oficiales con una posible intensidad de grado VII en la escala MSK, lo que equivaldría a un seísmo muy fuerte en el que se producirían pequeños corrimientos de tierras, daños en los edificios viejos y escenas de pánico entre la población. Tal magnitud lo convertiría en unos de los mayores terremotos padecidos en Galicia.

Pero la realidad es otra. Ya en el 2001 el investigador Santiago Muñiz llamó la atención sobre la evidente exageración de esta noticia. A Marola y la pena das Ánimas siguen en su sitio, no hay ningún boquete en las rocas próximas al castillo de San Antón y el temblor, si es que existió, debió ser mínimo, pues no quedó registro de su existencia ni en las publicaciones oficiales, ni en las actas municipales coruñesas de esa época.

«A Marola y la pena das Ánimas siguen en su sitio, así que si existió fue mínimo»