La lluvia acompañó de manera intermitente al primer sábado de agosto, obligando a sacar el paraguas a muchos
05 ago 2012 . Actualizado a las 07:01 h.El mal día de verano llegó en el peor momento. El primer sábado de agosto la ciudad amaneció gris. Sin mucho frío (mínimas de 15 grados) ni mucho calor (máximas de 21), pero con el cielo encapotado amenazando lluvia. Y llegó. A las once y media ya se podía ver a los turistas provisionándose de paraguas y chubasqueros en las inmediaciones de María Pita.
No los pudieron apear en todo el día. De hecho, sobre las 16 horas fue cuando llovió con mayor intensidad, poniendo en jaque todos los actos de las fiestas, que tuvieron una menor afluencia de lo esperado precisamente por esa inestabilidad meteorológica.
Mientras tanto, en la costa se esperaban mareas vivas. No ocurrió como el viernes, que el agua llegó a cubrir toda la superficie de arena de las playas urbanas, pero aun así el mar dejó constancia de su bravura en Riazor y el Orzán. Y en la Dársena dejó una imagen insólita al levantar los cascos de los barcos hasta el borde del muelle.