«Nos piden que no estemos en casa cuando pasan las máquinas»

Elena Silveira
E. SILVEIRA OLEIROS / LA VOZ

A CORUÑA

Debido a las obras, la finca tiene ahora un estrecho acceso entre un poste de la luz y un murete.
Debido a las obras, la finca tiene ahora un estrecho acceso entre un poste de la luz y un murete. E. Mouzo< / span>

Las obras de la vía Ártabra causan daños en una vivienda de Oleiros

03 jul 2012 . Actualizado a las 13:24 h.

En el 2005, Iciar Sanjurjo y su marido Rubén compraron una casa de planta baja en Oleiros. La idea era arreglarla e incluso ampliarla, por lo que iniciaron los trámites en el Ayuntamiento para pedir los correspondientes permisos. Cuando ya habían comprado parte del material, les llegó una carta del Ayuntamiento de Oleiros convocándolos a una reunión para hablar sobre la vía Ártabra. Allí se enteraron de que la nueva carretera iba a pasar a escasos metros de su casa, no a dos kilómetros como inicialmente les habían informado, y que les iban a expropiar 150 metros cuadrados de terreno. Año y medio después, les expropiaron otros 35 metros cuadrados.

Y en el 2010, cuando comenzaron las obras en el último tramo de la vía Ártabra, comenzó el verdadero calvario para esta familia. En primer lugar, no les hicieron protocolo de grietas. «Somos los más afectados, y por aquí no apareció nadie. Después de mucho insistir vino un jefe de obra y lo que nos dijo es que si caía un falso techo encima de la cabeza de mi hija no era para tanto». Iciar también relata que una noche llegaron a casa y las máquinas «habían arrancado todo el cierre y hecho un socavón de cinco metros de profundidad. Menos mal que nos avisaron los vecinos, porque nos hubiéramos caído al vacío». La única disculpa que tuvieron por parte de la constructora fue: «Nos olvidamos de avisar». Y, así, muchas más cosas: «Tuvimos cortes de luz, nos quedamos sin entrada, nos caen trozos del techo cada vez que pasan las apisonadoras. ¡Un horror! Y un día a mi hija casi le cae un cuadro en la cabeza».

Charcos monumentales

Este matrimonio explica que desde la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas no reciben amparo alguno a pesar de que les consta que hay un expediente abierto «por el peligro de derrumbe que tiene la casa». De hecho, las grietas han partido en dos el inmueble, las goteras forman charcos monumentales en el baño y algunas plaquetas y azulejos están sueltos. «Como única medida de protección nos piden que no estemos en casa cuando pasan las máquinas», se quejan.

Explican que lo peor todavía no ha pasado y que dentro de poco se instalará una pantalla opaca de insonorización de cuatro metros de alto «que nos dejará como en un zulo». Tampoco pueden hacer ninguna mejora en la vivienda, ya que ha pasado de ser terreno urbano a rústico. «Si es que incluso nos querían timar con el terreno, diciendo que no valía nada: nos ofrecieron 9.000 euros por los 190 metros cuadrados expropiados, pero en el jurado del justiprecio lo tasaron en 30.000 euros. Es que aquí, en Oleiros, el precio del metro cuadrado ronda los 700 euros por metro cuadrado. ¡Claro que la casa no vale mucho, pero sí la parcela!», explica Iciar indignada.

Desde la Xunta tan solo indicaron ayer que los desperfectos se arreglarán «una vez terminadas las obras» y que como medida de seguridad se ha optado por pedir a la familia «que salgan de casa cuando noten vibraciones altas».