Y la playa se reinventó

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

PACO RODRÍGUEZ

Una explosión de imaginación recorrió las playas de Riazor y Orzán durante todo el día. La fotografía de las playas se repitió

24 jun 2012 . Actualizado a las 07:10 h.

Pensábamos que se había visto todo en el San Juan coruñés. Pero no. Quedaba algo. Lo de hacer un jacuzzi en la playa y pasar la tarde a remojo esperando el partido de fútbol y la sardiñada ha superado todos los retos. Esos chicos se quedaron con todo el mundo. Porque es esta una fiesta que consiste en poner un petardo a la imaginación y aparece de todo. Aparece, por ejemplo, una parcelita en el Orzán con un cartel de traspaso; una chica en bicicleta vestida de época, un inmenso cartel de las rebajas, o Manuel Arenas paseándose con su Jeep de la Segunda Guerra Mundial.

Es una fiesta sin freno. La fotografía de las playas, que ya forma parte de la iconografía de la ciudad, se repitió. Estaban repletas. Tanto que por momentos resultaba prácticamente imposible avanzar entre la marea humana que confluía en los accesos.

Lideradas por la gran falla que presidía Riazor, cientos de hogueras ardieron, miles de sonrisas brotaron y un ambiente festivo lo envolvió todo. Fue el punto álgido de una jornada que empezó mucho antes. Algunos hasta madrugaron para adelantarse al resto en el acopio de madera.

Tanto es así, que ya por la mañana estaba el paseo ocupado por cientos de jóvenes arrastrando contenedores, tirando de maderas. Algunos cogidos a kilómetros.

Los contenedores de basura volvieron a ser la mejor herramienta de trabajo muy a pesar del Ayuntamiento y de la empresa de limpieza, que tuvo que llevar un camión a la playa para recoger los bidones ya vacíos. Y eso que las autoridades amenazaban con multas de hasta 3.000 euros para todo aquel que se le viera con uno. Era un farol. De hecho, alrededor de las siete de la tarde no había ni un solo contenedor de basura en su sitio en la plaza de Pontevedra ni en la calle de Alfredo Vicenti. Lo mismo sucedió con los muebles. También estaban prohibidos, pero las autoridades, en San Juan, hacen la vista gorda. Y pudieron verse varios sofás plantados en medio de una playa a reventar de gente, que a partir de las once de la noche fue ganando espacio conforme empezaba a bajar la marea, que era alta a dicha hora.

Precauciones

Por la megafonía se avisaba a los sanjuaneros que «bañarse ebrio aumenta en un cien por cien las posibilidades de ahogamiento». Lo repitieron en inglés. Había que hacerlo teniendo en la ciudad a los más de 600 marineros británicos del portaaviones Illustrious.

Por su parte, varios supermercados exprimían sus existencias de bebidas alcohólicas y hielo. Ello tuvo su reflejo en la arena, donde se vieron muchas botellas. Ante la posibilidad de multa, muchos optaron por usar garrafas de cinco litros de agua vacías y hacer ahí sus particulares mezclas que pasaron de mano en mano y de boca en boca durante toda la noche.

Y si hubo otra cosa que llamó la atención, fue la espectacular presencia policial y de equipos de vigilancia. Un helicóptero sobrevoló la bahía durante la noche y dos lanchas de Salvamento cuidaban la costa.

Como ya ocurrió el año pasado, la población inmigrante se echó en masa a la fiesta. En el Orzán se vieron uruguayos, colombianos, ecuatorianos y argentinos que ya viven el San Juan como propio, mientras la batucada sonaba de fondo, en una fiesta que, para muchos, prometía terminar cuando empezara a asomar el sol. Y es que para el amanecer de hoy ya se preparaban en la mañana de ayer las numerosas personas que adquirían las tradicionales hierbas de San Juan.