25 años de la suerte de la refinería

Agraciados recuerdan las anécdotas de un premio que dejó 7.000 millones de pesetas


A Coruña / la voz

El gordo de Navidad cayó en la ciudad en cuatro ocasiones, en los años 1903, 1958, 1974 y 2003, pero realmente le venía grande el nombre por las cuantías que dejó. El premio instalado en la memoria colectiva fue el segundo, que tocó en la refinería en 1986 y dejó más de 7.000 millones de pesetas (una cantidad que superaría los 42 millones de euros actuales). Estuvo muy repartido y los trabajadores se llevaron desde participaciones premiadas con 4.800.000 pesetas -las que correspondían a mil pesetas-, a los 96 millones que recibió Manuel Figueroa Figueroa, un empleo del servicio de mantenimiento de la factoría que invirtiera 20.000 pesetas y al que se señaló como máximo agraciado. Siguió trabajando y según sus antiguos compañeros, que recordaron estos días en las instalaciones de La Voz el 25.º aniversario de la lluvia de millones en la ciudad, este vecino de Nostián falleció recientemente.

Manuel Barral, que trabajaba como operador de campo en las instalaciones que en aquel momento gestionaba Empetrol; Juan José Bello Galdo, que estaba en mantenimiento; Jesús Mourazos, empleado en proceso de datos, y Antonio Rico García, operador de seguridad, representan a gran parte de los premiados, aquellos que tenían una única participación y se llevaron 4,8 millones de los de entonces. Fernando Canalejo Sánchez, también operador, tuvo más suerte y logró el doble, ya que se había hecho con dos participaciones, pero apunta que pudieron ser más. Podría haber igualado a Figueroa Figueroa, pero primero no le quisieron vender más por si no llegaba para todos y la que logró después la repartió al salir de la factoría.

Los trabajadores, más allá del júbilo inicial y las conversaciones apresuradas con la familia, siguieron trabajando, y Mourazos, que recuerda ahora que había rechazado en su día comprar más participaciones, destaca que llegaron a haber ocho captadores de clientes en el comedor de la refinería intentando sellar acuerdos con los afortunados.

«Matrícula de A Favorita»

«A pie de fábrica te venían a vender los coches», explica Bello, y todos coinciden en que los ganadores se decantaron por los Renault 21, llegaron a venderse 50 unidades en el complejo de Bens. «Todos tenían la matrícula con las letras AF, que asociaron a A Favorita, la administración donde se compraron los números», explican casi a coro.

¿Cuánto suponían las cantidades ganadas? Canalejo Sánchez relata que en su caso, que buscaba un piso más amplio, le pedían en la ronda de Nelle, por uno de cuatro habitaciones 11 millones de pesetas, solo un poco más de lo que ganó. Eso sí, el coste de la vida en la ciudad subió tras aquel 22 de diciembre. «Antes pedían 11 millones y después 17 por la misma casa», explica Canalejo Sánchez. Bello Galdo también buscó inversión inmobiliaria para su premio. «Compré un piso cerca del Club Financiero por 11,8 millones, pero también había mirado uno cerca de tribuna en Riazor por 12 millones, con dos plazas de garaje», comenta sobre hasta dónde se pudo estirar lo conseguido con el azar.

Más participaciones

Las anécdotas se suceden y destacan que no todos habían comprado lotería de Navidad del grupo de empresa, por lo que hubo también caras largas entre la plantilla, y otros compañeros se llevaron el chasco de que, aunque la habían dejado encargada, finamente no se la habían guardado. Uno de los casos curiosos fue el de un trabajador que dio más participaciones de las que realmente tenía y la plantilla creó una caja para ayudarle a pagar el supuesto premio que no recibió.

«También hubo un compañero que se le destruyó la papeleta en la lavadora y tuvo que esperar los 90 días de plazo para que le pagaran», recuerda Antonio Rico, que remarca que tras entregar el resto de participaciones se le entregó lo que le correspondía.

Mourazos también explica que hubo compañeros que los millones les generaron intranquilidad y con el riesgo de que se pudieran producir secuestros negaban haber sido alguno de los agraciados.

Reventa

También hubo quien hizo negocio y no fue porque se hiciese empresario. «Algunos décimos de 4,8 millones alcanzaron los 5,3 millones, hubo gente que se arriesgó y vendió», relata Mourazos, pero reconoce que él no se atrevió. Barral comenta que fue una alternativa para ampliar su capital para algunos que tenían varias participaciones.

«Había un dicho, que la lotería le había tocado a médicos y a los notarios», dice de manera socarrona Canalejo Sánchez, un hombre que se hizo fiel al número 56320. «En estos 25 años solo acabó una vez en cero, pero juego todos los años», comenta.

A quien sí le acompañó la suerte, al día siguiente del 22 de diciembre de 1986, fue a Mourazos, que compró dos décimos de la ONCE y le tocaron 200.000 pesetas. «Me ofreció la tira, no la quise y la cogió el siguiente, que se llevó 800.000 pesetas», recuerda.

Todavía queda un nutrido grupo de trabajadores en la refinería, ahora de Repsol, a los que hace 25 años acompañó la suerte. Canalejo indica que en aquella ocasión les llegó de manera fortuita, ya que cuando habían ido para hacerse con ella no quedaba un número entero. «Se habló con una empresa de Arteixo que tenía asignado ese número y se miró si le llegaba con el que nos sobraba a nosotros y nos quedamos con el 56320», explica.

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