José Manuel Rodríguez y Eva Prado denuncian que el transporte adaptado no los recoge a pesar de ser usuarios de este servicio
05 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Esto tiene arreglo?», pregunta preocupado José Manuel Rodríguez Regueiro, a pesar de padecer una discapacidad psíquica del 65 %. Y es que hace días que este vecino de Arteixo, de 23 años, apenas duerme. Concretamente, desde que se le anunció por parte del servicio de transporte adaptado del 065 que no podían llevarlo al centro especializado de Carballo, donde tiene plaza, a pesar de que se le concedió el servicio el 13 de octubre del 2010. La otra alternativa que la Xunta le ofreció a José Manuel, según comentan sus padres, fue el traslado a un centro de A Coruña que le cuesta cerca de 40 euros más al mes. Una cifra que no se pueden permitir, ya que el padre de José Manuel, José María Rodríguez, cobra 426 euros tras estar tres años en paro, y su madre, Beatriz Otero, también forma parte de las listas de parados del Inem.
Eva María Prado López tiene 36 años, padece parálisis cerebral y una lesión congénita que le produce espasmos. Esta vecina de Cambre, a pesar de tener una discapacidad del 85 %, quiere tener una vida autónoma. Está casada y por las mañanas se dedica a hacer las tareas del hogar, pero cada vez que solicita que el 065 la vaya a recoger para ir al médico o al fisioterapeuta es una odisea: «El 85 % de las veces que llamo me lo deniegan. Dicen que es una zona muy demandada y no me pueden llevar», explica Eva, que reconoce que en agosto el servicio funcionó bien. «Tengo derecho a ser independiente porque para eso estoy luchando, pero no tengo palabras para describir cómo me siento», se emociona.
Y es que tanto Eva como los padres de José Manuel han iniciado su particular lucha hacia la integración de las personas discapacitadas. Una lucha que no están dispuestos a abandonar y que empieza por que el 065 los recoja en sus casas.