Uno de los elementos que distorsionan el curso político en marcha será el de la celebración de las elecciones generales el 20 de noviembre. Si se cumplen todos los augurios, se completará el vuelco electoral y todas las administraciones públicas relacionadas con la ciudad quedarán en manos del PP.
En las filas populares podría haber algún cambio en la corporación si alguno de los ediles del actual equipo de gobierno se traslada a Madrid para formar parte de la Administración central o, simplemente, como diputado, aunque, por el momento, la confección de las listas está en el aire y no hay nombres confirmados para un posible relevo ni a corto ni a medio plazo.
Otro asunto es en la oposición. En Esquerda Unida, las aguas bajan tranquilas, pero en el BNG y en el PSOE están en plena efervescencia las luchas internas. En el caso de los nacionalistas, la batalla local está a expensas de lo que ocurra a nivel autonómico entre las distintas ramas de la organización frentista. En A Coruña es donde más reñida está la pugna entre el sector más duro, el alineado con la UPG, y las otras corrientes, Irmandiños y Máis Galiza. La elaboración de las listas de las municipales favoreció a los primeros, pero la pelea por el control del partido en toda la comunidad puede forzar cambios en la ciudad.
Más abierta está la lucha en el PSOE. Javier Losada anunció la convocatoria del proceso de renovación de la ejecutiva local para la primera quincena de octubre, pero lo previsible es que la asamblea necesaria se paralice hasta que pasen las elecciones y las asambleas nacionales y regionales.
El enorme malestar interno de un amplio número de afiliados, que reclaman la renovación inmediata del partido en la ciudad, así como la pérdida de peso institucional, que repercutirá en la representación de los socialistas coruñeses en el Congreso, complican más su hoja de ruta.