En una buena celebración no se ausentan ni la comida ni la música. Y la ciudad no iba a ser menos durante sus fiestas, pues no es necesario ningún ingrediente más para que los coruñeses decidan echarse a la calle.
Así lo avalan las casas regionales, que un año más se han erigido como el lugar preferido por los viandantes. Hoy mismo, muy a pesar de sus incondicionales, las casetas dejarán su ya tradicional ubicación en los jardines de Méndez Núñez. Y es que no solo los mayores se pasan por ellas, sino que sorprenden los más pequeños acuden ansiosos en compañía de sus padres, e incluso algunos se atreven a enfundarse un traje regional. «¡Casi no sabe ni andar y ya va con sus tacones!» exclamaba ayer la madre de Adriana, una niña de tan solo 17 meses que lucía su traje de sevillana. También se alternaban en el paisaje los ropajes cántabros, en honor al día de su comunidad.
Una vez caída la noche, la plaza de María Pita se llenó de nostálgicos que acudieron a disfrutar de las versiones de Dire Straits, bordadas fielmente por Brothers in Band. Su actuación supuso ese broche de oro que toda jornada veraniega debe tener. Con un brillante Óscar Rosende a la cabeza, el grupo logró una vez más resucitar a Knopfler y, de paso, que el público creyese estar por momentos ante la mítica banda británica.