Como cualquier betanceiro, enseguida saca a colación que nació en la antigua capital del Reino de Galicia. Y, a la mínima que puede, lanza: «Este es un sitio idóneo para vivir». Aunque lo hizo durante un tiempo, ahora ya no vive en el núcleo urbano, sino en la casa familiar situada en el lugar de Xanrozo (pertenecía a sus padres). Dice que se levanta temprano, aunque no suele madrugar (sobre las 7.30 horas) y desayuna fruta, un descafeinado o un batidos de frutas. Los domingos no perdona una misa y una sesión de deportes que, sin embargo, ya no practica: «Los veo en la tele, me gustan sobre todo los que requieren un esfuerzo individual como el ciclismo, el motociclismo o el tenis». Tampoco perdona los paseos y los vinos con los amigos, una costumbre que ya es «sagrada» en Betanzos. Antes de las elecciones casó al mayor de sus tres hijos. No descarta hacerlo como alcalde con los dos pequeños porque, dice en broma, «todavía están en el mercado».