Llantos y ánimos tras el mazazo

JUAN VILLAR VIGO / LA VOZ

A CORUÑA

Los protagonistas del golpe más cruel que pueden sufrir unos deportistas no caminarán solos en su condena de seguir en Segunda División. Si algo positivo se puede sacar de la eliminación del Celta en la tanda de penaltis de Granada es que ha servido para reforzar los lazos entre la afición y el equipo.

El fútbol le debe una, otra más, al club vigués, y la presencia de 150 aficionados en el aeropuerto de Peinador para darle ánimos a una expedición hundida ayudará a los celestes a levantarse de este mazazo y a pelear porque la próxima temporada se pueda volver a luchar por el objetivo y a conseguirlo.

La afición viguesa ha recuperado la fe esta temporada después de tres años luchando por no descender, y esa fe se ve reforzada tras la eliminación del sábado con una hinchada que ya ha formulado su declaración de intenciones de que estarán a muerte con ellos.

El mensaje unánime de los miembros de la plantilla que consiguieron rescatar sus palabras de lo más hondo de sus penas insiste en que volverán para buscar una nueva oportunidad. El cuadro de la sala de llegadas del aeropuerto de Peinador, antes de atravesar la puerta que conducía a los protagonistas hacia la marea celeste que les esperaba, reflejaba unos rostros atormentados por el dolor y por el insomnio de una noche en la que casi nadie había conseguido pegar ojo por su incapacidad para comprender por qué una temporada que iba sobre ruedas pudo tener un final tan trágico con un guion tan cruel.

Michu, que tuvo en sus botas el penalti que habría clasificado al Celta para la final por el ascenso, era el más inconsolable. No pronunció una palabra en todo el viaje y no fue capaz de expresar lo que le pasaba por la cabeza. Permaneció apartado y cabizbajo hasta que el grupo completo decidió adentrarse en la marea celeste.

Michu, el más aclamado

El asturiano fue el jugador más aclamado por la afición. Ni el inminente final de su contrato, ni su error en el penalti impidieron que la gente comprendiese que era el que más cariño necesitaba. Estas muestras de apoyo avivaron las lágrimas del futbolista. Cuando un aficionado se dirigió a él, Michu solo acertó a decir: «Lo siento, perdonadme».

Incluso el impertérrito Paco Herrera perdió la compostura al comprobar la reacción del celtismo: «Toda la emoción que había conseguido contener hasta ahora ha estallado al ver este recibimiento», comentaba el entrenador entre lágrimas antes de subirse al autobús que les esperaba en Peinador y tras escuchar los cánticos de apoyo hacia él.

Fueron muchos los que no reprimieron el llanto, como López Garai, Iago Aspas y otros compañeros. Y había quien llevaba la procesión por dentro, pero caminaba como ensimismado en una profunda pesadilla, caso del presidente Carlos Mouriño, o como Borja Oubiña, que ya experimentó dos descensos en los que lo pasó muy mal.

David Catalá vio como Roberto le paró el último penalti, el que les eliminaba. El defensa destaca que el recibimiento de ayer debe servir para regresar todavía con más fuerza: «Lo sentimos mucho por toda esta gente, la que ha estado con nosotros todo el año y los que han ido a Granada, es un palo duro. Hay que aprender y levantarse para volver con la máxima ilusión y pelear de nuevo por ascender». Esta es la idea que transmitió toda la plantilla. Borrón y cuenta nueva.

«Esta experiencia nos servirá para volver a intentarlo el año que viene si volvemos a jugar el play off»

Jugador del Celta