El fuerte sentimiento identitario no relaja las demandas en Monte Alto
12 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Monte Alto es el único barrio de la ciudad del que se venden camisetas. Ello es así porque existen personas con el sentimiento identitario lo suficientemente desarrollado como para llevarlo estampado en el pecho. Es el orgullo montealtés, una especie de carta de presentación que cualifica y define al vecino. «Va a más. El hecho de que de nuestro barrio haya salido un balón de oro u Os Diplomáticos continúa siendo motivo de distinción», explica Jose Ucha, actual presidente de la asociación vecinal que incluye las zonas de Monte Alto, la Torre y Adormideras.
Todas esas zonas que representa Ucha son las que componen el distrito 2, un área de casi 30.000 habitantes en la que se han desarrollado dos de las grandes obras de la ciudad: la reforma del Campo da Leña y el bulevar de Orillamar. Ambas vieron la luz con un total división de opiniones. «La gente era reacia, pero con el tiempo ve que lo del Campo da leña fue algo positivo», comenta Ucha. Respecto a Orillamar, indica que para los vecinos lo más temido era la reducción de plazas de aparcamiento: «Esperamos que se resuelva con el proyecto del aparcamiento subterráneo en la Escuela Pablo Picasso».
Junto a la falta de espacios verdes, el encendido debate sobre el futuro de la cárcel (parador turístico, centro social, etcétera) y las deficiencias en aceras («motivadas por la gran presión inmobiliaria», apunta Ucha), esa dificultad para aparcar se perfila como la preocupación número uno de Monte Alto. Tras ella existe un cambio sociológico. «Se van personas mayores del barrio que no tenían coche y llegan parejas jóvenes con dos coches», resume Ucha. La llegada de estos nuevos vecinos conlleva otros efectos. Uno ha sido la revalorización de los inmuebles, que ha obligado a muchos residentes a irse a barrios más baratos.
Otra consecuencia se constata con una cierta desafección de los nuevos vecinos, que, según los históricos, no tienen nada que ver con el carácter tradicional de Monte Alto. «Se nota mucho, hay gente de los pisos nuevos que trabaja todo el día y solo viene aquí a dormir en plan ciudad dormitorio», apunta Julio Bellón, vecino del barrio.
Vida cultural
La instauración en los últimos 15 años de varios locales de hostelería que asumieron un papel que iba mucho más allá de servir copas ha generado un ambiente cultural muy particular: «Locales como el 14! o el Patachim han apostado por eso, sin entrar en conflicto con los vecinos y dándole un toque alternativo al barrio. Ello hace que mucha gente de fuera venga a salir aquí».
Frente a ese bullicio controlado, en Adormideras se busca la tranquilidad. Su talón de Aquiles es el mercado: «Lo que demandan los vecinos allí es que se dinamice para tener alternativas de compra sin tener que coger el coche», resume José Ucha.