Una placa recordará el siniestro, del que hoy se cumplen 35 años
12 may 2011 . Actualizado a las 10:57 h.Al mediodía de aquella mañana de mayo la ciudad entera se sobresaltó con una negra humareda que oscurecía el cielo. Ocurrió hace hoy 35 años. «A las nueve de la mañana llegué a la refinería y me avisaron de que una hora antes el Urquiola había embarrancado», recordaba ayer Ignacio Arnaiz Fernández, capitán de puerto de Petrolíber cuando ocurrió el siniestro. Será una de las personas vinculadas al Urquiola que serán homenajeadas hoy, a las once menos cuarto de la mañana.
El acto, presidido por el primer teniente de alcalde, Henrique Tello, tendrá lugar en el litoral de punta Herminia y en el mismo también serán homenajeados el práctico del puerto, Benigno Sánchez Lebón, y el capitán del petrolero, Francisco Rodríguez Castelo, «que era amigo mío y murió después de saltar del barco; estaba casado y su mujer esperaba un hijo. Fue terrible», evocaba Arnaiz. Apuntaba que desde los días posteriores al accidente «no he vuelto a ver a la viuda, a ver si la veo mañana (por hoy)».
Con la colocación de una placa de recuerdo en la costa se pretende reconocer «a todas aquelas persoas que co seu valor evitaron unha catástrofe maior para a cidade aquel 12 de maio de 1976», indicaban ayer desde el departamento de Tello.
Arnaiz, que empezó a trabajar en Petrolíber «cuando aún estaban construyendo la refinería», evocaba que cuando tuvo conocimiento del accidente «bajé al puerto y embarcamos en un remolcador; mientras íbamos había algunas manchas de poca intensidad pero al llegar la mancha a estribor del barco era impresionante, podía haber 30.000 toneladas en el mar». También detallaba como «nos metimos dentro de la mancha de petroleo; atravesamos los 270 metros de eslora; el barco estaba escorado unos 5 o 10 grados y el mar, con olas de un metro y medio, embarcaba en cubierta». En la descripción de lo ocurrido evoca los chorros de crudo que salían por tres escotillas abiertas en la cubierta del petrolero, «se hacía para las inspecciones antes de llegar a puerto» y también «una atmósfera explosiva enorme». Este experto en seguridad detalla que «el crudo no arde, arden los gases».
Tras la inspección del petrolero, vieron como toda la tripulación, menos el capitán y el práctico que seguía a bordo, estaban en un remolcador. «Volvimos a la Comandancia de Marina para ver qué se podía hacer, porque el barco estaba rejado por el fondo, y estando allí se produjo la primera explosión y luego la segunda».
De la espectacularidad de la nube formada tras las explosiones del Urquiola da idea «que el aeropuerto de Santiago, que está a 60 kilómetros, tuvieron que cerrarlo por falta de visibilidad», evoca Arnaiz, que tiene 85 años. En cuanto los bajos de la entrada al puerto coruñés que provocaron el siniestro sostiene que «en las conversaciones con la gente de los pesqueros te decían que había esas agujas, pero en las cartas náuticas no estaban recogidas»