Parte de la gracia del carnaval pasa por jugar a ser otra persona. Suplantar la identidad propia, confundir a los demás y reírse mucho en esta fiesta en la que vale todo. Hay quien, sin embargo, no se ha conformado en seguir los derroteros habituales y ha optado por ir más allá, dándole una vuelta de tuerca a todo ello hasta convertir su identidad en un disfraz.
Efectivamente, el artista Jorge Couceiro -conocido por las esculturas de alambre que mostró en su día en la sección emergentes de La Voz- se ha disfrazado en ese carnaval de sí mismo, dejando boquiabiertos a todos sus amigos y conocidos. «Bueno, en años anteriores me disfrazaba de alguno de mis amigos. Me hacía una careta con su cara e imitaba su comportamiento. Este año creo que tenían algo de miedo, por si les tocaba a alguno de ellos, y me he preguntado, ¿y si me disfrazo de yo?».
Dicho y hecho. El disfraz, además de su indiscutible originalidad, resulta tremendamente barato. «Me ha costado unos céntimos, solo he pagado la cinta americana. El resto fue un cartón que cogí en la escuela en la que trabajo y le pegué una foto impresa de mi casa». Y, además de barato, cómodo: «Eso es lo mejor de todo. No pesa, no da calor, me lo quito cuando quiero y los amigos, si lo desean, pueden ir de mí cuando quieran. Lo único malo es que no puedo fumar con él».
Resultado
La incógnita para Jorge pasaba por ver cómo iba a funcionar el experimento. Dos días después de pasearse por la ciudad con el aspecto que se puede ver en la foto, Couceiro asegura que se llegó a sentir raro: «Es que me veía interpretándome a mí mismo con gente que me trataba como si fuera un personaje». Pero, eso sí, la rareza resultó al final la mar de divertida: «Me encontré a artistas y alumnos míos por la calle y la interacción fue buena».