Eran mujeres que cada día preparaban la comida para decenas de escolares, cocineras hacendosas que habían encontrado un trabajo pero cuyo menú laboral era poco saludable: «Unas estaban colocadas a dedo, otras por alguna cacicada, sin criterios, sin listas y cobraban de los directores de los centros». Es el panorama que recordaba ayer Ana Liñares, una profesional de la docencia que a finales de los años ochenta trabajó para lograr la inclusión de estas mujeres en el primer convenio de personal laboral de la Xunta. «Fue un trabajo sindical sin precedentes», aseguraba Liñares antes de que comenzara ayer el homenaje a un numeroso grupo de estas mujeres. El acto fue organizado por la Unión Comarcal de Comisiones Obreras dentro de las actividades del 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora y, según recordó Demetrio Vázquez, «nesta data quixemos facer algo máis que facer estudios ou presentar estatísticas».
Y lo consiguieron porque la emotividad fue adueñándose del salón de actos del edificio de sindicatos, tanto cuando las imágenes y los nombres de estas mujeres se fueron viendo en una pantalla como cuando algunas de ellas tomaron la palabra para agradecer el apoyo que habían recibido de CC.?OO.
Especialmente emotivo fue el recuerdo de una de estas mujeres, ya desaparecida: María Pita del Río, «foise o día do meu cumpleanos», decía Ana Liñares desde el estrado, destacando que esa mujer «quitou o mandil e convertiuse nunha sindicalista con maiúsculas». También confesó la especial relación creada entre este colectivo de mujeres trabajadoras de los colegios públicos del área metropolitana coruñesa y de las comarcas de Bergantiños y Soneira: «Risas, comidas e bailes, como vedes nas fotos, pero sempre despois do traballo».
Otra de las responsables del sindicato, María Jesús Fernández, destacó el papel de estas mujeres, dos de las cuales cerraron el acto apuntando algunos recuerdos de los últimos años y al grito de «¡vivan as cociñeiras de Comisións Obreiras!».