El San Roque de Afuera de siempre ya es historia

Alberto Mahía A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Las palas derribaron las casas una vez que se fueron los últimos vecinos

19 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

De San Roque de Afuera solo quedan migas. Horas después de que las últimas siete familias que quedaban en la zona ocuparan sus nuevos pisos en Labañou, las excavadoras tomaron el lugar y lo destrozaron todo. A partir de ahora comenzará a levantarse una manzana de edificios de ocho alturas y otro, que dará al paseo marítimo, de la misma altura. De lo que fue a lo que será habrá un mundo.

Hace una semana que los últimos vecinos que quedaban recibieron las llaves de sus nuevos pisos. Son viviendas reformadas en dos edificios de la calle Colombia, en Labañou. Son de 80 metros cuadrados, pagarán un alquiler de 200 euros y, sobre todo, «son una cucada», decían los beneficiarios cuando conocieron sus nuevos hogares. Nada que ver con las casitas que ahora abandonaron.

El Ayuntamiento les había metido prisa. La constructora necesitaba libres los terrenos para poder comenzar a obrar cuanto antes y en los últimos días los residentes apuraron las mudanzas.

Ahí, la mayoría, dejó toda su vida. Hablan del barrio como un lugar en el que hace años podían dormir con las puertas abiertas, pero que de un tiempo para aquí se fue degenerando todo. Las casas se venían abajo y muchas eran ocupadas por indigentes.

Más de cien familias

En la época dorada de San Roque eran más de cien las familias que allí vivían. Pero no hace ni tres años ya solo quedaban unas veinte. Los últimos en irse fueron los que vivían en las casas más próximas a la escuela de Náutica. En los últimos años los que eran propietarios vendieron sus casas a la promotora y los que estaban alquilados, que era la gran mayoría -pagaban rentas inferiores a los 50 euros-, se beneficiaron de unas viviendas en Labañou con un alquiler muy bajo.

En cuanto al origen, hay dudas. Elena, que tiene 34 años, lo sitúa en la pubertad de su abuelo. Su vecina septuagenaria María cuenta que nació ahí. Fuera en el año que fuera, el deterioro fue brutal. Sobre todo cuando, hace nueve años, comenzó el éxodo una vez que la constructora empezó a hacerse con propiedades. Unas las tiraban y otras eran ocupadas. «Se volvió difícil vivir ahí», dicen.