El actor cobró 1 euro por charlar 9 minutos con su público
11 feb 2011 . Actualizado a las 12:41 h.En la puerta de la tienda de ropa Meriendacena, en el número 84 de la calle San Andrés, Marga vendía entradas en la tarde de ayer. Solo costaban un euro y la mujer explicaba las condiciones: «Tesme que decir canto tempo queres falar ti e canto él». El era Francisco Cadaval, segun se podía leer en el cartel que había sobre una mesa del escaparate. Ante los indecisos, «mellor que fale el», la mujer aconsejaba invariablemente que lo mejor era mitad y mitad y acaba anotando: «Póñeche 4 minutos a ti e e 5 a él». Desde las cinco de la tarde de ayer los sorprendidos viandantes se paraban a ver qué pasaba en el escaparate, encontrándose con un cartel de la concejalía de Cultura anunciando las Xornadas excentricas y un cuadro detallando las condiciones del Conversatório de Quico Cadaval. «O cliente pode confesar, interrogar, divagar, polemizar...sobre calquera asunto, ocorrencia ou peripecia», leía un viandante, mientras la primera clienta reía con ganas ante Cadaval.
Si el actor, que acaba de ser nominado a los premios Max de teatro por Un cranio furado que hoy y mañana se puede ver en el Rosalía de Castro, sorprendió a los viandantes con este montaje, él también fue sorprendido por alguno de los participantes. Y es que, según las condiciones, «o falador comprométese a non difundir o que se fale» pero el cliente «polo contrario, é libre de revelar o que quixer». Y la primera que participó en el Conversatório confesaba al acabar que había acudido para aclarar «unha cousa que pasou hai 30 anos, cando os dous estabamos estudiando en Santiago».
Esta mujer, Carmela López, indicaba que desde hacía 10 años no se veían y que el lugar el encuentro, un escaparate, estaba muy bien «para airear a mente, porque este non é un contexto normal». Ya puesta a recordar, evocó aquellos años de estudiante cuando ella cursaba Económica y Quico Cadaval Historia «e iamos ver o que facía na clase». Detalla que era un alumno que difícilmente pasaba desapercibido, «un día que tocaba falar de Exipto foi disfrazado de momia e o profesor non sabía nin quen era». Sin descender a detalles, Carmen López, indicó había ido a ver a Cadaval para aclarar algún malentendido de hace 30 años «e decirlle que aquela moza de 19 anos querialle moito, eramos moi amigos». La cara risueña con la que se de la mujer confirmaba que habían sido nueve minutos intensos, retomando unas vivencias de hace unos 30 años.
«¿Para que hora hay?», preguntaba un curioso, mientras en el interior explicaban que Juan María Daviña había trasladado la tienda hace seis meses desde Orillamar a San Andrés. «Debeuselle facer longo porque preguntou sinon parara o reloxo», bromeaba Cadaval al concluir la conversación con la concejala de Cultura.
Anxo Rodríguez, «actor e tiriteiro», indicaba que había sido una conversación «puramente teatral sobre os mecanismos do humor e si isto que fai é unha provocación ou non». Reconocía que cuando Cadaval estuvo en Santiago «non me atrevín a entrar». Y es que este montaje estuvo dos días seguidos en Santiago y tres en Ferrol, entre otros lugares de Galicia.
«Quería aclararlle un malentendido de hai 30 anos cando eramos estudiantes en Santiago»
Carmela López