Adiós al corneta del Dépor

A Coruña / La Voz

A CORUÑA

Ramón Chousa Penas falleció a los 85 años

31 ene 2011 . Actualizado a las 13:26 h.

La trompeta de Ramón Chousa Penas (A Coruña, 1924) era la espuela que en los setenta y ochenta hacía correr a los jugadores del Deportivo hacia la portería contraria. Siempre en la primera fila de preferencia inferior, este coruñés hacía sonar con su corneta la carga del séptimo de caballería y el estadio entero se sumaba al asalto. Aquellas notas guerreras quedaron para siempre en la memoria de los coruñeses, que ayer despidieron para siempre a un hombre que dejó una honda huella.

Chousa, que mañana mismo cumpliría 87 años, fue el más joven de 15 hermanos. Recuerda el historiador Carlos Fernández que su infancia transcurrió en la calle del Cueto, entre los cuarteles de Artillería y San Amaro. Aquella vecindad le influyó de tal manera que después de la guerra formó parte de la banda de cornetas y tambores que él había organizado tras haber sido disuelto el Cuerpo de Exploradores y unificadas las milicias de Falange y Requetés.

En 1940 entró como voluntario en el Regimiento Isabel la Católica, en el Cuartel de Infantería, donde hizo la instrucción y estaba destinado hasta que en 1.941 se fue a la División Azul. Permaneció en el frente de Leningrado y desde su trinchera en Puskin pudo contemplar a lo lejos los edificios de la vieja capital imperial.

A la vuelta de Rusia, trabajó en en la fábrica de lienzos La Primera Coruñesa, en Juan Flórez, al lado del parque del Casino. Después fue conserje en las instalaciones del Frente de Juventudes en la calle Comandante Fontanes.

Dos años después de regresar del frente ruso contrajo matrimonio y comenzó a trabajar en el parque de Artillería y más tarde en la Sección Femenina.

A partir de 1949 fue acomodador en el recién inaugurado Cine Equitativa, en donde estuvo trabajando hasta 1972. En una entrevista que le hizo Carlos Fernández para La Voz de Galicia, recordaría: «El Equitativa fue el cine más elegante de la ciudad. Al principio el portero parecía un almirante y nosotros llevábamos cordones dorados y guantes».

Después de irse del Equitativa continuó trabajando como conserje en la Jefatura del Movimiento, un edificio que se le conocía como La casa de la bomba, porque en aquellos tiempos se decía que iba a ser el primer sitio donde se suponía que iban a poner una bomba cuando muriese Franco. Y la pusieron estando Chousa de conserje, en 1976. Afortunadamente, nada le ocurrió a este coruñés que después de disolverse el Movimiento se fue de conserje al Gobierno Civil, en donde estuvo hasta su jubilación.

Gran aficionado

En aquellas fechas se convirtió en uno de las personas más populares de la ciudad, al volverse, sin proponérselo, en el jugador número 12 del Deportivo. Empezó a comienzos de los setenta, en Primera División. Y en los años ochenta, tras la derrota en casa con el Rayo Vallecano, que impidió el ascenso a Primera, se desanimó y estuvo unos años sin actuar, volviendo a mediados de los ochenta. Su fidelidad y sus conocimientos futbolísticos -Arsenio le consultaba a menudo- le hicieron ganar la amistad de ilustres futbolistas y entrenadores, llegando incluso a darle un gran homenaje. Chousa dejó viuda, dos hijos y cuatro nietos.