La política, que es bastante aburrida, produce a veces sobresaltos. Lo sabe el alcalde, Javier Losada, que lleva casi tres décadas en esto y el viernes vio cómo se alteraba una película cuyo guión estaba escrito con un final feliz. Que Carlos González-Garcés es un verso libre ?por algo es hijo del poeta Miguel González Garcés? no es ni era noticia. Fue precisamente Garcés el único concejal que se opuso al pacto de gobierno con los nacionalistas y fueron sonados sus desencuentros con las concejalas de Cultura y de Normalización Lingüística, ambas del BNG, durante la entente cada vez más cordial con los nacionalistas.
Las entretenidas declaraciones de Garcés un día antes de su campanada en la asamblea del PSOE, cuando manifestó que para que haya boda es necesario que dos digan «sí, quiero», resuenan ahora proféticas. Garcés dio plantón a Losada porque se negó a ver su nombre en el número 8 de la candidatura. Quería el 6. Si el concejal de Fiestas fuera chino, hoy no estaríamos hablando de esta crisis en el PSOE local, pues el 8 es el número de la suerte en el país asiático. Pero en lugar de hacerse el chino, Garcés se hizo el sueco y renunció al sentirse traicionado por su jefe. El concejal tomó una decisión visceral y por lo tanto muy humana, aunque al mismo tiempo se pueda interpretar como caprichosa y difícil de justificar. Al fin y al cabo, los siete que le precedían eran compañeros y, salvo debacle, tanto figurando en el puesto 6 como en el 8 tenía garantizado un escaño cuatro años más. Para él, su honor fue mancillado.
Renunciando Garcés, la candidatura del PSOE pierde a un concejal con sentido del humor, que no es un asunto menor, y bien dotado para la política, además de a un abanderado del socialismo local y del coruñesismo. En su estilo, mantuvo siempre la coherencia. Pero ahora, con su decisión, Garcés está dando alas al principal rival de Losada en las elecciones de mayo. Será hoy un día feliz para el popular Carlos Negreira, que aprovechará los idus del viernes para tratar de sacar tajada política. También estarán contentos los antitaurinos, que veían en el edil a uno de los garantes de la fiesta nacional y, por supuesto, la facción más radical del Bloque, habida cuenta de que el concejal era uno de los últimos intérpretes en María Pita del hit La, lala, la... Lo que haga Garcés a partir de ahora es casi tan imprevisible como un cartel del Noroeste Pop-Rock...
Losada justificó ayer la renuncia del concejal y las disensiones en la asamblea del PSOE ?un 29% de los presentes no apoyaron su lista? como un ejemplo de democracia interna en contraposición a quienes «confeccionan su lista en un bar de Linares Rivas». Se refería, claro, al PP, que aún no ha anunciado ni candidatura completa ni programa, tan necesario para postularse como alternativa de gobierno. Pero ni sus argumentos de ayer ni su más bien forzada sonrisa del viernes en el Paraninfo de la Maestranza amortiguan el golpe.
Nunca se sabrá el coste que en votos tendrá la decisión de Garcés ?quién sabe si, después de todo, el alcalde saldrá ganando con su renuncia? pero lo cierto es que, a toro pasado, expresión que será del gusto del concejal rebelde, algunos se preguntarán hoy por qué Javier Losada no calculó antes, ¿porque no quiso o porque no supo?, la espectacular faena con la que se iba a encontrar en la noche de autos.
Lo que vaya a hacer ahora es tan imprevisible como un cartel
del Noroeste