Un pulmón verde enfermo de vandalismo

Ángel Varela A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Los jardines de Méndez Núñez sufren la enfermedad del vandalismo. Un espacio que guarda algunos de los grandes tesoros arquitectónicos de la ciudad, como los edificios de la Terraza (Antonio de Mesa, 1922), la Atalaya (Antonio Tenreiro, 1933) o el Kiosco Alfonso (Rafael González Villar, 1912), actualmente está atacado por enfermedades estéticas como las pintadas, las roturas de azulejos y elementos de las estatuas, los baches o las manchas en general. Trabajadores de cafeterías y edificios públicos, y usuarios habituales apuntan a los periódicos macrobotellones como principales impulsores del calamitoso estado que presentan muchas de las partes de este histórico pulmón verde coruñés.

Monumentos como el dedicado a Curros Enríquez por Francisco Asorey en la década de los treinta o la imponente estatua de Concepción Arenal son víctimas de unas agresiones que marcan su estética. Otros más pequeños como los dedicados al Castelao o al doctor Hervada tampoco pasan inadvertidos para los enemigos de los bienes públicos. El destrozo de las letras que indican a quién se dedica la estatua de turno acostumbran a ser el objetivo principal de los vándalos.

Otros de los elementos más castigados son los contenedores, que prácticamente han cambiado su función como depositarios de basura por la de grandes pizarras destinadas a la inscripción de mensajes insultantes o de contenido soez.

Asientos rotos

También presentan destrozos los bancos de los jardines. Sobre todo aquellos construidos de cemento y decorados con azulejos de diferentes colores. Además de haber sufrido algún discutible cambio de cerámica -alguno presenta ahora rústicos azulejos marrones cuando tradicionalmente estaban revestidos de azulejos de colores brillantes-, los asientos presentan en ocasiones algunas de sus partes de cerámica rotas.

«Cada vez que se organiza un botellón, siempre aparecen por las mañanas botellas rotas y algún desperfecto nuevo en el parque», explica uno de los trabajadores de la cafetería situada en la Atalaya, y eso que los servicios de limpieza municipal trabajan a destajo a la mañana siguiente de las concentraciones etílicas, ya que pocas horas después de que se hayan marchado los grupos que se reúnen para beber al aire libre aparecen los primeros usuarios del parque, cuyo objetivo es radicalmente diferente para el que durante la noche se utilizó la zona. Eso sí, el trabajo de los operarios de limpieza, jardines y mantenimiento impiden que se puedan detectar los rastros más recientes de los actos vandálicos, pero no pueden hacer nada para eliminar las marcas permanentes de las acciones más agresivas que sufre el entorno.

Una de las soluciones para elevar la protección de los jardines pasaría por su declaración por parte de la Xunta como Bien de Interés Cultural, un proceso que se encuentra en trámite, y que obligaría a las autoridades a prohibir, por ejemplo, la presencia del botellón.